ANTES QUE SE CALCIFIQUE EL ALMA...

Lic. Diana L. Braceras


        "Restringiendo físicamente el crecimiento de un ser vivo, se lo puede forzar a tomar la forma del recipiente en el que se lo introduce. Una vez desarrollado el animal, se rompe el frasco ¡y ahí está la mascota que siempre quiso, con la forma que usted quiera!" (1)
        Así se ofrece anónimamente por internet el servicio de criar gatitos dentro de botellas para adquirir un original modelo con la forma caprichosa que se le quiera imprimir, a voluntad del consumidor y según la perseverancia y prolijidad del torturador.
        La condición necesaria para semejante logro es que el animal sea sometido desde el nacimiento hasta la calcificación de sus huesos, al tratamiento que incluye alimentación a través de un catéter y limpieza diaria de excrementos para que no ahoguen a la víctima . El vidrio se rompe al término del plazo, con la seguridad de que las marcas que se han impreso en ese cuerpo son definitivas y ya nunca abandonará la forma del cautiverio.
        Dos semanas aproximadamente, después de aparecer en los medios de difusión comentarios a cerca de este "producto" supuestamente destinado al consumo en red, desde Massachusetts se aclara que se trata de un "chiste".
        Desde Freud, sabemos que la construcción del "chiste" es un producto de otra red: el inconsciente, que en sentido amplio podemos describir, como la modalidad de procesar contenidos no admitidos por la conciencia o censurados, porque no conviene reconocerlos explícitamente. Una forma de poner a circular ciertas "verdades", graciosamente veladas.
        Tomando "en serio" el chiste, hay múltiples lecturas que nos permiten exponer distintos sesgos del efecto siniestro que produce, ya que si Freud, tiene razón, podemos extraer el núcleo de "verdad" que presenta esta forma tan extraña de "publicidad-noticia-chiste" incluyendo la "desmentida".

        Por qué resultó creíble la propuesta de "gatitos bonsai"?

        Porque… la técnica unida a la falta de límites éticos, logra resultados muy creativos.

        Si uno se sobrepone al asombro revulsivo que provoca la propuesta punto com. ,podemos relativizar este horror comparándolo con las astucias del nazismo, como ejemplo de la capacidad de martirio desarrollada por el hombre sobre otros hombres, degradados a la condición de objeto.
        Podemos también reciclar esta basura ideológica del consumismo, en un intento de reflexión y pensamiento fecundo. Intentemos metaforizar lo aberrante:

        También el alma del ser humano va tomando la forma del entorno donde crece. Lo marca, lo doblega, restringe y modela. Cuanto más estrecho, represivo y rígido, más inmovilizante, inflexible y desvitalizador.
        Lo que marca el cuerpo y el alma de los seres humanos son los discursos familiares y comunitarios: lo que se dice, lo que no se dice; las prácticas, lo que se hace, lo que no se hace, lo que se deja de hacer, lo que no se reconoce que se está haciendo. Sus límites no son de vidrio, pero lastiman y hieren, cuando la rebelión del sujeto rompe el corcet de los moldes preconcebidos para estereotipar el futuro.
        En nombre de la "ciencia", la religión o de la ideología, en todas las épocas históricas y latitudes se pueden encontrar ejemplos de "experimentos psicológicos" o estrategias de "mejoramiento ideológico", que se realizan en ocasión del ascenso al gobierno de los pueblos de grupos de poder ilimitado.
        La manipulación ambiental, crea condiciones favorables a la reproducción de individuos a la medida de los planes del experimentador, así lo plantea por ejemplo en la ficción, la novela de Ira Levin, luego llevada al cine: Los niños del Brasil:
        "...clones de Hitler, producidos luego de su muerte a partir de su bagaje genético debidamente conservado por Joseph Menguele, integraban un siniestro experimento destinado a garantizar el retorno de la estrategia nazi. Implantados en hogares ubicados estratégicamente en el mundo, estos niños-clones debían crecer y desarrollar la personalidad del Führer. Pero para ello no bastaba con la garantía genética: se debían considerar también los aspectos medioambientalistas. Así, las implantaciones se realizaban en familias elegidas que reprodujeran las características socioculturales de la infancia de Hitler..." (2)
        Existe por supuesto un abismo entre el entrenamiento animal y la influencia del medio ambiente en el ser humano, no es directa y lineal la respuesta de los hombres, como los reflejos condicionados a estímulos de los perros de Pavlov. Sin embargo la impronta de las marcas primeras y fundamentales, las modalidades vinculares, la transmisión inconsciente del lugar a ocupar en la trama familiar y social, de aquello a lo que se deba aspirar o gozar, desear o evitar, respetar o rechazar, van diseñando el espacio donde ha de desplegarse el sujeto humano.
        La pubertad, así como cambia el cuerpo, irrumpe con fuerza de cambio también respecto de los mandatos familiares y sociales. Pero a veces, no alcanza. El cuerpo cambia y el alma se adapta a seguir siendo una obediente mascota a la medida de los síntomas y estigmas familiares, reproduciendo los modelos ideológicos "únicos".
        Sin embargo, no se trata sólo de una cronología del alma. Hay una reciprocidad con el espacio mismo que se habita en las condiciones que necrosan el ser.
        La experiencia de Anna Freud con los niños de Terezin, campo de tránsito hacia el exterminio de Auschwitz, Dacha, etc., es dolorosamente ejemplar en este aspecto:
        La hija de Sigmund Freud, también psicoanalista, "hizo una casa muy linda para estos niños, muy acogedora, con juegos, y cuando llegaron estos niños, eran verdaderos demonios, de una violencia inaudita, rompieron toda la casa y la transformaron en un campo de concentración...", a semejanza del que provenían. (3)
        Algunas de las hipótesis que trabajamos interdisciplinariamente en el campo médico, exploran también esta destrucción simétrica a catástrofes en el entorno, trasladadas al espacio más personal del sujeto, su propio cuerpo.
        A diferencia del animalito, cuando no se puede romper el cautiverio de la infelicidad permanente, de la mortificación de la tristeza y la postergación de los sueños, se rompe otro envase: el cuerpo.
        En algunos casos, el alma se ha calcificado: aunque se rompa el recipiente, no toma otra forma que la impresa en su ser desde su más tierno sometimiento, no hay esperanzas para el crecimiento, el futuro se ha soldado a la uniformidad del pasado, todo cambio resulta peligroso, no hay elasticidad sino quiebre en los escasos intentos de vivir fuera de la botella.
        Pero...si antes que se calcifique el alma puede advenir una nueva forma y logra sostenerse bien plantado en una perspectiva propia, expresarse aún cuando haya sido alimentada en el silencio o en las ordenes unívocas de amenazas crueles o amorosas, lastimeras o aterradoras, si se sobrepone a los chantajes del amor y el reconocimiento, los miedos y las garantías prometidas y las huellas transitadas por las frustraciones generacionales y las manipulaciones culturales...
        No será tarde...todavía.

  1. "El genio de la botella", Radar, Suplemento de Página 12 del 18 de marzo del 2001.

  2. Juan Jorge Michel Fariña/M.Brinton Lykes, Cuestiones Éticas y epistemológicas ante la experimentación psicológica con niños, en La encrucijada de la filiación. Tecnologías reproductivas y restitución de niños. Grupo editorial Lumen, Bs.As.-México, 2000. Pág.25

  3. Francoise Davoine y Jean-Max Gaudilliére, Seminario: Locura y Lazo social. El Discurso analítico del trauma, Conferencias del 3 y 4 de julio de 1998.


Diana Braceras, Abril del 2001.