Ley de la mordaza: perversión de la función médica

Lic. Diana Braceras
Psicoanalista, Equipo Interdisciplinario de Oncología


        Desde tiempos hipocráticos, la función médica se define como el arte de curar las enfermedades y aliviar los sufrimientos, a través de la intelección y el ordenamiento de los procesos de los cuales dependen el buen o mal funcionamiento del organismo, de la alimentación y del estilo de vida, incluyendo como parte de la salud al trabajo. Insuperable concepción filosófica de la ciencia médica.
        El discurso científico, por tanto, implica una maniobra fundamental respecto del saber, constituyendo un lugar, el del médico, como receptor de las demandas del sufrimiento del cuerpo:

"Que no todo el mundo es capaz de conocer lo que se distingue por ser beneficioso y lo que le es dañino. Si, por lo tanto, el que pasó una enfermedad sabe elogiar y censurar algo de los tratamientos del régimen con el que recobró la salud, todo eso hallará que es propio de la medicina. Y no menos los errores que los aciertos son pruebas de la existencia de la ciencia. Pues lo que le ha beneficiado le benefició al serle administrado correctamente, y lo que le causó daño le dañó por no serle administrado correctamente. Ahora bien, donde tanto lo correcto como lo incorrecto tienen uno y otro su definido límite, ¿cómo no ha de haber una ciencia?
Pues yo afirmo que esto es lo propio de la ausencia de ciencia: que no haya nada correcto ni incorrecto." (1)


        El famoso "padre" de la medicina científica, se revuelve hoy en su tumba, ante la oficialización de las prácticas neoliberales que progresiva e ininterrumpidamente arrasan todos los ámbitos de la vida ciudadana, desde hace algunas décadas. Hoy, su apogeo en el campo de la medicina, se hace evidente y descaradamente obsceno.
        No son las categorías de lo correcto o lo incorrecto, aquellas con las que funciona de Mercado, los cálculos de beneficio y conveniencia son los supremos valores del capital, por lo cual no cae fuera de esta lógica el trabajo del médico, subsumido al interés de los grupos económicos que emplean su mano de obra, adueñados de los medios de producción (establecimientos, aparatología, infraestructura, cartera de clientes (mayoritariamente cautivos de obras sociales, sindicatos, etc.) y fundamentalmente del poder de compra de los medicamentos. Todo ello, sostenido con la inestimable colaboración del Estado, ausente sólo respecto de sus deberes, pero generoso en dádivas y en "hacer la vista gorda" a los negocios de la salud, en manos de transnacionales o gerenciadores vernáculos con fondos propios.
        En este contexto: ¿Qué queda de la función propiamente médica que se basa en la justeza del diagnóstico y la elucidación del tratamiento correcto, actualizado y aprobado por estándares científicos internacionales?

"Yo no voy a privar, yo no, a la suerte de ninguna influencia, pero creo que en aquellas enfermedades que son mal tratadas las más de las veces se presenta la mala suerte, mientras que las bien tratadas consiguen buena suerte". (2)

        En gran parte la medicina es un acto de fe... en la palabra del médico. Su decir, se supone garantizado por la Ciencia, por la Institución (también se establecen estrechos lazos transferenciales con ellas, basadas en la antigua función benefactora asistencial), anche por el mismísimo Dios, socio vitalicio del acto médico.


EL SILENCIO NO ES SALUD

        "Ley de la Mordaza", se traduce del inglés gag rule: la modalidad de establecer un pacto entre la institución y los médicos que en ella desarrollan sus tareas, que consiste en pre-establecer qué tratamientos, medicamentos o intervenciones serán propuestas a los pacientes, de acuerdo al arbitrio discrecional del pagador y sus acuerdos económicos con los proveedores, intermediarios y prestadores. Lo que quede por fuera de estas pautas, no convenidas por criterios médicos sino económicos, caerá bajo el cono de sombra del ocultamiento intencional, lo que significa: "el paciente no debe enterarse que tiene otras opciones, si su sistema asistencial no está dispuesto a pagar".
        La modalidad actual amenaza al médico con la pérdida de su puesto de trabajo o con descontar de sus honorarios los gastos en que incurra el tratamiento que reclame el paciente debidamente informado, es decir aquél que correspondería por correcta prescripción médica. Como proclamaba Hipócrates, para considerar científica una práctica, es necesario que ésta sea acompañada las más de las veces por la "buena suerte"... de indicar y realizar el tratamiento correcto. De tal manera se han trastocado los asuntos en esta medicina posmoderna, que la "buena suerte" del médico en conservar su trabajo, puede presentarse así, como directamente proporcional a la "mala suerte" del paciente, como resultado de la prescripción médica.
        Cuando se trata a pacientes con enfermedades tales como cáncer, SIDA, es decir de gran complejidad diagnóstica, sujetas a criterios y evaluaciones médicas con márgenes de error muy costosos en términos de bienestar y de vidas humanas; la especulación económica, basada en el "ahorro" de costos de intervenciones o drogas eficientes; o la multiplicación de beneficios por el cobro de prestaciones innecesarias o superfluas, incluyendo el reclutamiento de pacientes en protocolos de investigación de dudoso beneficio, salvo para los laboratorios que los requieren... la práctica médica se aproxima al status del delito. Una especie de eutanasia, que no se podría calificar de activa ni de pasiva, no se trata en lo fundamental de hacer o de no hacer algo para que el paciente muera, es más sutil, intangible y anónima, a tono con el poder privilegiado del postmodernismo: la comunicación. Sólo se trata de ocultar o manipular la información de la que dispondrá el paciente para inducirlo a aceptar o rechazar el tratamiento que el "médico" propone. Esta maniobra es posible gracias a la confianza establecida en la relación médico-paciente, en base a la transferencia (Ver artículos: Transferencia I y Transferencia II, en esta misma página, o más difusamente e independiente de la experiencia, gracias a la creencia de características religiosas que inviste al médico de ciertas virtudes a-priori, de las que puede enteramente carecer.
        Si agregamos la masividad de la aplicación de la "Ley de la Mordaza" en la práctica médica implementada a nivel de los otrora llamados Estados Nacionales, que hoy responden globalmente al modelo sin fronteras neoliberal, estamos ante un genocidio científicamente planificado.(3) (Ver: http://www.cancerteam.com.ar/invi014.html)
        Como todo exterminio, la cobertura del anonimato asegura que "nadie mató a nadie", tal como lo analiza el historiador francés Vidal-Naquet en sus estudios a cerca del exterminio nazi, el proceso de anonimización permite el anonimato de los verdugos, de las víctimas y de la operación misma de exterminio. (4)
        "En este "imperio de nadie" (la expresión es de Hanna Arendt), rige un sistema que niega el acto en el mismo momento de cometerlo, no se trata de crímenes sino de tareas eficaces. La figura aquí es la del burócrata, quien no se ubica en relación a un crimen sino en relación a una tarea, puntual y específica (organizar el traslado de un punto a otro punto, coordinar la dirección de los llegados a la plataforma de entrada, supervisar la selección, etc.) El sistema del exterminio requiere de -se sostiene en- un proceso de anonimización absoluta: no sólo el perpretador es anónimo, no sólo la víctima lo es, sino que el acto mismo pierde su denominación de crimen. Surge así la posibilidad de un crimen no enlazado a la criminalidad, un crimen no ligado a un acto, que no refiere a un nombre propio". (5)
        Recientemente nos visitaba el filosófo y psicoanalista esloveno Slavoj Zizej, estudioso de la ideología totalitaria, si lo hay, nos hecha luz sobre la escisión de la Ley, en Ley pública escrita y su reverso, el código "no escrito", secreto, obsceno: base del sadismo, propio del sistema perverso ideológico que distingue al sujeto cínico posmoderno:

"Este código debe permanecer oculto en la noche, desconocido inconfesable; en público todos fingen desconocerlo, o incluso niegan activamente su existencia. Representa el "espíritu de la comunidad" en su estado más puro, ejerciendo una gran presión sobre el individuo para que cumpla con su demanda de identificación con el grupo. Sin embargo, simultáneamente, viola las reglas explícitas de la vida comunitaria" (6)




  1. Hipócrates, Juramento Hipocrático. Tratados Médicos, Gredos , España, 1997. Pág. 25
  2. Ibid. Pág. 23
  3. Ver Conferencia del Dr. G. Tognoni en la Facultad de Medicina, 15-10-03, en el artículo de esta página:
  4. Pierre Vidal-Naquet, Los judíos, la memoria y el presente, F. C. E., Buenos Aires, 1996.
  5. Perla Sneh, "Perdón, Culpa y Necesidad de Castigo", texto de difusión interna del grupo Ensayo y Crítica del Psicoanálisis. Es co-autora junto a Juan Carlos Cosaka de La Shoah en el siglo. Del Lenguaje del exterminio al exterminio del discurso, Xavier Bóveda, Bs. As, 1999.
  6. Slavoj Zizej, Las Metástasis del Goce, Piados, Bs. As, 2003. Pág. 88