LA ÉTICA DEL PSICOANÁLISIS Y LA "LEY DE LA MORDAZA"*

Lic. Diana Braceras
Psicoanalista, Equipo Interdisciplinario de Oncología


        Ante el fracaso de la Ley pública que delata la práctica médica actual, amordazada por el sistema neoliberal globalizado (Ver: La ley de la Mordaza), emerge su inverso obsceno: el goce de la ilegalidad. Una forma específica de transgresión de la ley, impone en cada grupo humano una unión particular: La culpa compartida o más precisamente, la renegación fetichista de la culpa.
        ¿En qué consiste la re-negación? El mecanismo de renegación consiste en negar que se está negando, es esencial a las estructuras perversas y entre otros efectos, es paradigmático para operar una inversión fundamental:

El Sujeto pasa a ser Objeto y viceversa, según la conveniencia. Ejemplos clásicos:
La culpa es de la víctima: "No la violé, ella se la buscó"
El ejecutor de un acto es sólo un instrumento de Otro: "No es mi culpa, sólo cumplía órdenes"

        ¿En qué sentido fetichista? Porque el valor de complicidad de la culpa compartida y renegada es asignado a propiedades independientes o ajenas al pacto transgresor, de tal forma que aparece como "natural", sin responsabilidad subjetiva en la elección. Ejemplos clásicos de enunciados que encubren posturas fetichistas:
"No queda otra"
"Si lo dice el jefe ... así debe ser"

        La renegación fetichista (casi una redundacia), de la culpa, como fuerza de unión del grupo transgresor explica que en la actualidad, ya no sea imprescindible negar los hechos delictivos para defenderse, sino que su estrategia para defender lo indefendible consiste en acusar al que los cuestione, de su incapacidad de valorar la NECESIDAD de tales actos, devenidos ejemplares en virtud de un "ideal" abstracto incomprobable...
        La renegación opera del siguiente modo: suspende la eficacia de todo aquello que la contradice, nada será considerado del tenor de la refutación, por lo cual será absolutamente inconmovible por argumentación lógica e insensible a la crítica ideológica.
        La necesariedad de mentir u ocultar información al paciente, de acuerdo a los pactos pre-existentes con los empleadores, es indefendible; contraría todos los Derechos reconocidos al paciente, el Juramento Hipocrático, los Códigos de Ética de la Medicina, etc... El médico que acepta la "Ley de la Mordaza", encarna al sujeto cínico de nuestro tiempo, descripto teóricamente en la esclarecedora obra de Slavoj ZiZek(1), entre otros intelectuales de la escuela eslovena, que tanto nos aportan a la comprensión de los modos de funcionamiento dominante de la ideología posmoderna.
        En Las metástasis del goce, Zizek destaca que la renegación puede ser colectivizada, especialmente si se articula con la identificación a alguien que desde cierta función de Amo, establece qué mentira puede sostener la solidaridad del grupo. El liderazgo abrocha preferencialmente con la capacidad de una comunidad de sostenerse unida en base a la renegación de la culpa. La normatización de las Obras Sociales y Sistemas Pre-pagos de Salud, incluyen casi sin excepción el ritual ideológico de imponer la restricción de información o la manipulación de la misma en los tratamientos médicos: "Esta es la política de la institución". Como operación renegatoria, se trata de una inversión: no es en realidad la Ley de la Mordaza un efecto de determinada política, sino que este concreto ritual de complicidad es el que sostiene esa política. Mucho más importante que el "ahorro" que signifique en la realidad a la institución, esta práctica asegura la culpa compartida, por lo tanto obtiene la voluntad del médico cautivo del sistema, pa' lo que guste mandar. Por eso, es intrascendente que la conciencia de aquél se tranquilice con el argumento de: "Yo en realidad acepto, pero no lo pienso hacer". Esta coartada a sí mismo o para el entorno, pretende que la tal ideología cínica no opera en la vida cotidiana, o será controlada a voluntad: "Hago esto en el Hospital, pero sigo siendo buen médico en mi consultorio privado". El trabajo del cinismo en el sujeto, la distancia entre su máscara y la realidad social, será tan inestable y amenazante como el retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde...
        En el goce específico de todo totalitarismo, y la concentración homogénea del modelo neoliberal en Salud lo demuestra... "Se trata sobre todo del goce de la estupidez misma del sistema, una delectación en la vacuidad del ritual oficial, en las gastadas figuras estilísticas del discurso ideológico dominante"(2)
        La "Servidumbre Voluntaria" a una Necesidad imposible de demostrar, tiene además un costo individual eficaz: Los mismos médicos que servilmente ceden su hipocrático deseo de curar, amparándose en la obediencia debida al sistema de gerenciamiento del que depende su empleo, ofrendan su sacrificio personal bajo diversas modalidades:

"En mi servicio trabajamos sin gasto de administrativos, ni de mantenimiento, hasta de la papelería nos hacemos cargo"
"Yo trabajo sin horario, me voy a cualquier hora, atiendo más de cincuenta pacientes diarios"
"No falto nunca, vengo aunque me esté muriendo... "
"Nuestros honorarios son simbólicos, pero bueno...estamos en crisis"


Como sentencia Zizek siguiendo al maestro del Psicoanálisis, Sigmund Freud:

"El tributo que se paga... solo corrobora su culpa" Y siguiendo a Jaques Lacan:

"La ética lacaneana entraña la disyunción radical entre el DEBER y la consideración del BIEN...la forma más peligrosa de TRAICIÓN no es la rendición directa a nuestros impulsos, sino más bien la referencia a algún tipo de Bien, como cuando falto a mi deber con la excusa de que podría comprometer el Bien (el mío propio o el Bien común); - Ejemplo archidifundido en nuestro medio: "No me queda otra...tengo hijos", como si la ética dependiera de la esterilidad - en el momento en que invoco "circunstancias" o "consecuencias desfavorables" como excusa, estoy en mi camino a la perdición. Las razones por las cuales cedo en mi deseo pueden ser muy convincentes y fundamentadas, incluso honorables; puedo invocar cualquier cosa, hasta el daño ecológico. El artificio de la búsqueda de excusas no tiene límites; puede ser "verdadero" que el bienestar de mis congéneres esté amenazado por mi acto, pero el abismo que separa la ética de la consideración del Bien sigue siendo insuperable." (3)


        ESA ACTITUD RADICAL... ¿NO ESTARÁ RESERVADA A UNOS POCOS "HÉROES" MIENTRAS, NOSOTROS, PERSONAS ORDINARIAS, TAMBIÉN TENEMOS DERECHO A SOBREVIVIR?

              No aceptamos éticas superiores y éticas menores:

        ¡NO RENUNCIES A TU DESEO, AUNQUE OTROS LO HAGAN!



Diana Braceras, 31 de diciembre de 2003.


* Dedico este artículo a mis pacientes del Policlínico del Docente Capital Federal y a los pacientes del interior de la Obra Social OSPLAD, a quienes tuve el honor de asistir, contando siempre con su confianza y afecto. El Servicio de Oncología en el que me desempeñaba como Psicoanalista ha sido desvinculado de la institución a partir del 1ro de enero de 2004.



  1. Zizek, Slavoj. Doctor en Filosofía y en Artes, es investigador del Instituto de Estudios Sociales de Liubliana, eslovenia, y profesor en la New School for Social Research y en la Universidad de París VIII. Entre sus libros se cuentan: El sublime objeto de la Ideología (1989), Porque no saben lo que hacen (1998), Mirando al sesgo (2000), El espinoso sujeto (2001), Las metástasis del goce (2003).
  2. Zizek, Slavoj. Las metástasis del goce, Paidós, Buenos Aires, 2003. Pág. 104.
  3. Ibid, Pág. 110/111.