Intervenciones psicológicas en un equipo de Oncología

Lic. Diana Braceras
Psicoanalista, Equipo Interdisciplinario de Oncología


Ideología Interdisciplinaria

        ¿Da lo mismo que el "especialista psi" de un equipo médico, en nuestro caso oncológico, sea un psiquiatra, un psicólogo o un analista? Son prácticas tan distintas que, comparativamente serían tan distantes como la homeopatía de la alopatía, sus principios, métodos y concepción de la cura son absolutamente heterogéneos, en muchos aspectos incluso, incompatibles. La indiferencia en este punto, señala que existen en el trabajo interdisciplinario conexiones entre las prácticas con muy distintos objetivos, efectos y consecuencias.

        Lo más usual es encontrarnos con un conjunto de prácticas hegemonizadas por un discurso totalizador que le da sentido a las intervenciones parciales, de todas la demás. Así, en un Servicio de Oncología, todas las disciplinas que se reúnan tendrán por objetivo colaborar para solucionar el problema que convoca al oncólogo: el cáncer. Entre las prácticas paramédicas, se adaptan muy bien la Psiquiatría y la Psicología, proveyendo de adhesión al tratamiento médico, ya sea por vía química o sugestiva. Son los famosos "apoyos" para enfrentar un tratamiento oncológico, en verdad, el más apoyado es el orden médico, con refuerzos interdisciplinarios para lograr su cometido, independientemente de lo acertado o erróneo que sea su accionar.

        Denominamos "idología interdisciplinaria" a esta militancia globalizante, donde una multiplicidad de actores se alinean tras una idea dominante, se evitan las diferencias para conformar un discurso único y se ejerce el poder jerárquicamente sobre un "todo" SUPUESTAMENTE integrado, que idealmente se conforma con los diferentes aspectos del paciente y su tratamiento. En el caso de un paciente en proceso de curación, se encara el tratamiento como una batalla, donde la enfermedad será vencida gracias a la lucha conjunta del equipo, el paciente, la familia, porqué no... la institución. Una cruzada contra el Mal, donde todos ponen su granito de arena del lado del líder-jefe-guía-doctor- que sabe lo que hace y siempre lo hace bien. Por eso todos deben colaborar-obedecer bajo sus órdenes bienintencionadas, brazo ejecutor de la Ciencia o de Dios, según se lo mire. O de ambos.

        Ante un mal pronóstico o los resultados negativos del tratamiento, el objetivo vira rápidamente hacia la aceptación de los límites, la preparación para la progresiva, o no tanto, retirada del oncólogo, y la importancia repentina de hablar de la muerte, elaborar duelos anticipadamente, perdonar a troche y moche, y reconciliarse con el mundo, porque al fin y al cabo todos los hombres somos mortales, como Sócrates. Estas temáticas relacionadas al fin de la vida, pasan a ser la prioridad y el objetivo del mismo equipo que durante el tratamiento activo no le permite al paciente desplegarlas, sin hacerlo callar con antidepresivos, pues se consideran signos indeseables de una disposición negativa, un peligroso pesimismo que no colabora con los esfuerzos curativos.

        El poder médico, a pesar de su devaluación en el mercado de la salud del neoliberalismo, aún ejerce su seducción para la mayoría de las prácticas. El beneficio de la pertenencia a un equipo médico, opera una excesiva apertura a sus necesidades y objetivos, en las disciplinas que se conectan en su campo de intervención. Muchas veces el costo incluye una homogeneización o mimetización, que desnaturaliza la diferencia entre las prácticas, incapaces de sostener sus propios principios, instrumentos y objetivos. Esto suele pasar especialmente con distintas vertientes de la psicología, que se "pega" al discurso médico, o pretende evangelizarlo con gestos "humanistas" que tengan más en cuenta al paciente, caracterizado como víctima de la enfermedad.

        El Psicoanálisis en el campo de la Medicina

        Además de tener tumor, un paciente oncológico tiene inconsciente. Además de tener miedos, un paciente oncológico puede que obtenga beneficios primarios y secundarios de su enfermedad. Y en muchos casos, además de tener un cáncer a nivel del comportamiento de células neoplásicas, el paciente tiene un cáncer en su existencia, del que no se puede deshacer hace ya mucho tiempo. No va de suyo que siempre sea así, habrá que poner a prueba esta hipótesis, caso por caso. Habrá que analizar singularmente el trayecto del encuentro del sujeto con la enfermedad, el devenir del tratamiento, las posiciones que se vayan consolidando, destituyendo, descubriendo y las elecciones posibles que en cada caso se realicen, en el sentido de aportar a la vida ... o al más allá. Cómo compromete la enfermedad y el tratamiento su goce de la vida, sus puntos de angustia, los límites personales y las capacidades propias para revertir situaciones sin resignar la dignidad. Este es el nudo del problema que convoca al analista: la posición del sujeto, su goce.

        Para la teoría Psicoanalítica, existen distintas gradaciones de la pulsión de muerte, principal capitalizadora del sufrimiento y el padecer humanos. Su enfoque terapéutico parte de poder profundizar en la captación de las modalidades mortíferas con las que un sujeto cede al abrazo mortal con un Otro, sea un amor, una figura sometedora, un ideal al que hay que ofrendarle la vida, es decir, toda relación que necesite llevar al límite la existencia, sacrificando la vida, la libertad, los bienes, entre ellos, se cuenta la integridad del cuerpo, la posesión más significativa del ser humano. Es por esto, que pese a la complicada instancia que desata la enfermedad, es justamente allí donde no hay que perder la oportunidad para un cambio de posición a favor de la vida, si el deseo acompaña la apuesta.

        La práctica interdisciplinaria de la que participa el psicoanalista, incluye un instrumento analizador que pasa a ser parte del método de trabajo colectivo. La función del analista puede aparecer en señalamientos de distintos miembros del equipo, se materializa en estilos comunicacionales muy distintos al ordenamiento verticalista que caracteriza nuestras prácticas institucionales tradicionales. No implica que estemos proponiendo otro mundo mejor que el que instauró el orden médico, para superarlo. Sostenemos la posibilidad de existencia de muchos mundos, muchas voces, en cada equipo, en cada paciente y en cada uno de nosotros. Discernir hacia qué mundos dirigirnos, en el campo de nuestra práctica profesional, como en las encrucijadas personales de la vida de los pacientes, es responsabilidad de cada uno: analizar las condiciones de cada situación en la que nos encontramos, nos pone en el umbral de una elección real de nuestros actos. La libertad siempre tiene condiciones y nunca se regala, se conquista. La historia de cada uno resultará del coraje y de las cobardías de las elecciones de las que seamos capaces. El azar, como sabemos, puede jugarnos a favor o en contra, pero rebelarse a la tentación de reconocerse como víctima, es una posición ética que el psicoanálisis propicia.
        Lo que " hace" la actividad tumoral en un organismo, muchas veces funciona de velo efectivo para no darse cuenta de lo que " hace " el sujeto con su vida o con su muerte. Descubrir los sutiles mecanismos personales del cerrojo de las prisiones invisibles que encadenan el sujeto al padecer, es tarea analítica. No pocas veces, esos mecanismos se hacen carne o sangre. O se deshacen.


Lic. Diana Braceras