Psicoanálisis y medicina: Pensar la interdisciplina

Lic. Diana Braceras
Psicoanalista, Equipo Interdisciplinario de Oncología


Nuestro enfoque interdisciplinario no coincide con la idea más común de interdisciplina, esta es:



¿Por dónde pasan las diferencias?


1. La condición:

        La condición absoluta para que exista la interdisciplina, tal como la concibe nuestro equipo, es que las prácticas se conecten. Este sobreentendido hay que entenderlo:
        Así como las palabras, las hipótesis, las teorías, y el modo de pensar modelan la acción y las maneras de posicionarse en una práctica; también el hacer, el intervenir activamente en lo real del acontecer confronta ideas con "realidad", en su sentido más llano.
        El hacer "un caso" en conexión con otra disciplina, trae aparejados cambios en cada campo. El hacer médico y el pensar del médico que puede intervenir en situación de conexión con la práctica del psicoanalista, no van a permanecer igual al de sus colegas, que no se implican en la práctica interdisciplinaria. Pensar qué cambia, es asunto de cada cual, y de la reflexión sobre la propia práctica.
        Existen formas diversas de conexión, con efectos y consecuencias diferentes:

  1. A través de una práctica dominante

    El campo médico, en general tiende a comportarse hegemónicamente. Las otras prácticas se subordinan en calidad de "colaboradoras", para cubrir aquellos aspectos que la medicina deja de lado, en general porque los subestima o desconoce con relación al cuadro clínico que le interesa.
    El efecto imaginario de este conjunto "multidisciplinario", es que "la unión hace la fuerza", lo que le falta a cada uno está cubierto por otro. Por ese motivo, estos tipos de abordajes se autodenominan "integrales" o "totales", como si no dejaran nada fuera de su "comprensión" y competencia.

  2. A través de una falta estructural

    En reconocimiento de la incompletud de todo campo de saber, la conexión práctica entre procedimientos discursivos diferenciados, no pretende la totalidad, pero intenta desde posiciones diversas, operar con la potencia propia de cada abordaje disciplinario. Los límites de cada concepción teórica, devienen de su propia posición, que permite e imposibilita determinadas intervenciones.
    La idea que como equipo compartimos, es que para que haya pensamiento hay que preservar el lugar de la falta. Este es el espacio que permite la interrogación, la autocrítica, la superación de obstáculos, el planteamiento de los problemas, la formulación de hipótesis, la consideración de nuestros supuestos y en fin, el pensamiento productivo y las preguntas que activan la práctica y no la someten a los estrechos límites de los modelos pre-concebidos.


2. El Problema

        El problema que se nos plantea es el de la relación entre el cuerpo orgánico y el cuerpo erógeno, en las situaciones prácticas específicas que atañen al campo de la medicina. La concepción no será a partir de generalizaciones o sistematizaciones.

¿Existe un real compartido en la interdisciplina?

Hay distintas maneras de plantear la cuestión:

  1. Cuando se cree que el real es el mismo y el problema es sólo el mismo, hay lugar fértil a la ideología interdisciplinaria: pretensión de abolir el real y el problema en nombre de una totalización globalizante, sumatoria de las distintas prácticas. La subjetividad de esta forma de interdisciplina es la colaboración con el Otro, en un campo lo más democrático posible.

  2. Considerar que el real es distinto, disyunto para cada práctica, respecto de la otra. Se trata de universos cerrados inconexos. No habría ningún margen para la interdisciplina. Esta es la idea más difundida en la práctica médica y psicológica, que da sustento a lo que nosotros llamamos "La teoría del descarte": "Descartado lo orgánico... entonces debe ser psicológico", la conducta prescripta entonces será la derivación con la consecuente resistencia del paciente defraudado. (Ver: Mitos en la Práctica Médica)

  3. Considerar que el conjunto vacío es el mismo para todas las prácticas, sea cual fuera el discurso de procedencia. Ese real sin embargo, tiene efectos distintos sobre cada práctica, el problema que le plantea ese mismo real no es igual, tiene especificaciones distintas, para las distintas prácticas.
    Los motivos por los que el Psicoanálisis se relaciona con la Medicina y los motivos por los que la Medicina se relaciona con el Psicoanálisis, son radicalmente distintos. La necesidad conceptual o la problemática que los interroga son propias de cada campo, pero ambos usan el vínculo con la otra práctica, para resolver, investigar, o plantear hipótesis intrínsecas a su disciplina. La subjetividad de esta forma de interdisciplina es la "recontraimplicación" en el propio campo a partir del vínculo con otro, que no es del mismo campo.
    El carácter paradojal de la enfermedad, como vínculo entre el cuerpo del que da cuenta la medicina y el cuerpo que concierne al psicoanálisis, requiere dejar caer la idea de "causalidad", sin perder el requisito epistemológico de dar cuenta del caso según la propia concepción teórica, procedimientos y herramientas, exigidas a un máximo. Y hacerlo comunicable.


INTERDISCIPLINA/S

        No hay una práctica interdisciplinaria capaz de articular Medicina y Psicoanálisis. Ese lugar de "esperanto" consensual, resulta muchas veces imaginado como el resultado "exitoso" del trabajo interdisciplinario. Nada más lejano a la concepción de nuestra praxis.
        Hay por mediación de un real, un punto de contacto que uno de cuyos términos para la medicina, es lo subjetivo y para el psicoanálisis es lo biológico, contacto que altera a ambos términos del encuentro: Medicina y Psicoanálisis. Esa práctica la llamamos suplementaria.
        La medicina se suplementa a sí misma, por la relación con el real en el que está implicado la presencia de lo subjetivo como un agente extraño al cuerpo de doctrina de lo médico.
        El Psicoanálisis se altera por la relación con el real que tiene en su composición términos del campo médico, como elementos extraños a su propio discurso.
        Ese real compuesto sería la enfermedad, entendida como la experiencia en que aparece un punto de contacto entre el cuerpo orgánico y el cuerpo erógeno, ambos campos diferenciados por la especificidad de distintas disciplinas. Este encuentro es contingente.


3. Requisitos

        Intervenir desde cierta posición en este tipo de dispositivo colectivo, es un requerimiento desde el pensar. Es necesario que la pregunta que reuna no sea meramente:

        ¿Qué hacer?

        Sino... ¿Cómo pensar?

        El esfuerzo entonces, pasará por la interrogación sobre nuestra capacidad de pensar, de operar o intervenir en la inmanencia de las situaciones. En cada proceso concreto llegar a formular las dificultades para intervenir, la originalidad del caso, los detalles inesperados, los presupuestos abatidos.

        No se trata sólo de una rigurosa formación profesional. Sostener este tipo de implicación práctica, deviene de la posición subjetiva de cada miembro del equipo, en lo personal y en la actitud intelectual capaz de confrontar activa y críticamente entre colegas, sin transformar el campo de trabajo en una lucha narcisística de "talentos".
        El agrupamiento se da por problemas compartidos y no porque todos requieran ser encuadrados, en pos de cierta identidad grupal o embanderamiento tras ciertos ideales.
        Como decía nuestro amigo Nacho Lewkowicz (1):

"Ponerse a pensar de nuevo cada caso, al pie de lo que pasa y no al pie de la letra. La gran lección de Heródoto, el primer historiador, es que el investigador está obligado a registrar lo que no comprende. Eso es lo opuesto a la actitud militante que consiste en anotar solamente aquello que se entiende y se aprueba y borrar todo aquello que no se entiende y no se aprueba."


        El sostén afectivo es parte sustancial de esta dinámica, como el respeto y el esfuerzo en la transmisión de las propias dudas e incertidumbres. Esta posición es facilitada cuando todos los miembros del equipo tienen experiencia de análisis personal, donde pueden tramitar su problemática singular y elaborar los puntos de angustia que, fundamentalmente se asocian a la muerte, con la consecuente caída de la omnipotencia. Dado que si no, se corre el riesgo de transformar el grupo interdisciplinario en terapia de grupo, con el consecuente perjuicio para el trabajo asistencial y de investigación. No todo lo que pasa a nivel individual, se puede tramitar a nivel grupal.
        También es necesaria la reflexión sobre el tipo de trabajo mismo que implica nuestra práctica, teniendo muy en cuenta que en lo fundamental, se trata de trabajo inmaterial, aquel que produce en primer lugar, una relación social.
        Uno de los efectos más fuertes de lo grupal justamente, es la consistencia que toman los aspectos ideológicos que intentan suturar las fracturas, rellenar los vacíos, sostener liderazgos carismáticos encarnando un ideal incuestionable y completar las teorías a expensas de la verdad.

        Se pregunta Friedrich Nietzsche:

        ¿Cuánta verdad se soporta?
        ¿Cuánta verdad osa un espíritu?

Esa es la auténtica unidad de medida de los hombres.
El error no es ceguera, es cobardía.




(1) Ignacio Lewkowicz, historiador recientemente fallecido, miembro de H/a Historiadores Asociados. El Equipo Interdisciplinario de Oncología, trabajó con él estas ideas a cerca de la Interdisciplina reconociendo el gran aporte de su pensamiento a nuestra práctica. Como material de consulta sobre este tema publicado conjuntamente, ver: Braceras y Lewkowicz, "Interdisciplina suplementaria: una experiencia clínica en el campo de la oncología", en Psicoanálisis y el Hospital N° 18 El cuerpo en la Clínica, Buenos Aires, 2000.