PENSAR LA FARMACOLOGÍA
FUNCIÓN INTELECTUAL Y TRABAJO INMATERIAL


Lic. Diana Braceras
Psicoanalista, Equipo Interdisciplinario de Oncología
Correo electrónico: braceras@cancerteam.com.ar


Intelecto Colectivo

        La concepción de la materia, desde el punto de vista pedagógico, tiene como condición su contextualización en la carrera de la que forma parte: Medicina y en el momento actual. Los objetivos entonces de Farmacología, deben pensarse en relación con una de las intervenciones posibles de la práctica médica: la prescripción farmacológica, sus fundamentos y consecuencias, hoy en la realidad de nuestro medio.
        Desde el punto de vista diagnóstico que fundamenta la prescripción, la acción terapéutica y efectos colaterales, farmacocinética, contraindicaciones, etc., que guía el tratamiento y pronostica los resultados posibles, resulta clara la pertinencia de los contenidos curriculares explícitos, en tanto aporte de conocimientos e información básica indispensable para el acto médico de prescripción racional de medicamentos.
        Sin embargo, existe una función tácita que interviene necesariamente en el acto médico, y que en particular, se revela productiva en la gran dispersión de opiniones divergentes ante las decisiones concretas a tomar en la práctica. El ejercicio de esta función no deriva excluyentemente de la "formación médica", a menos que se la jerarquice y promueva; pero sí puede ser implícitamente anulada o neutralizada, como parte relevante de la "deformación médica".
        Por el nivel de generalización que a alcanzado en los últimos años, la promoción social de un tipo subjetivo contrario a la práctica de la implicación reflexiva de los propios actos, resulta prioritario destacar esta función y diferenciarla de la mera capacitación profesional estandarizada, entendida como acopio de conocimientos de aplicación automática. Se trata de la función intelectual.

        La hegemonía de las evidencias, por lo general inutiliza la reflexión conceptual estratégica. Sobre esta capacidad operatoria, es que hay que desplegar el pensamiento propiamente médico.
        La incorporación comprensiva de contenidos y la memoria selectiva, requeridas para la sistematización del saber científico a instrumentar en la práctica médica, no garantizan el ejercicio de la función intelectual crítica que debe singularizar las opciones terapéuticas.
        En el trabajo del médico, están incluidos preeminentemente los efectos subjetivos del paciente y del propio médico. En este caso, no estamos refiriéndonos a aspectos psicológicos, sino al hecho inmanente a la situación clínica, como construcción intelectual, es decir, pensable:

        Pensar lo que se hace en la práctica médica, no va de suyo, es un ejercicio contingente. Instalarlo como necesario, es una elección de orden ético.


Ilustra: Guillermo Poggioli
        Un obstáculo propio de la práctica médica para la labor intelectual, resulta la concepción individualista del trabajo, el pensar crítico al que nos referimos, requiere de un dispositivo colectivo, de la decisión de compartir un real problemático o problematizado, por el cual las relaciones transferenciales con otros, es el hábitat propicio para desmitificar la práctica, analizar los obstáculos compartidos o personales y apropiarse singularmente de una potencialidad creadora en el ámbito particular del ejercicio profesional.
        En este sentido, el ejercicio de la función intelectual se fortalece entre colegas y se potencializa con la inclusión del intercambio con otras disciplinas y prácticas, pertinentes al campo de la salud, pero de distinto marco teórico, procedimientos técnicos e intervenciones prácticas. Tal es el caso del campo de estudio del "psiquismo". El abordaje interdisciplinario, tan en boga a nivel del enunciado de propósitos, es un resultado de la praxis de una medicina asistencial que está muy lejos de confirmarse en la realidad.
        La disposición para dinámica requerida en los "equipos interdisciplinarios", se trabaja desde la formación misma del médico, la más de las veces imposibilitándola. Este es uno de los puntos desde donde se hace evidente que uno de los efectos más consistentes, perdurables e inadvertidos de las prácticas, es el de instituir un tipo de "sujeto", para el cual será posible actuar en determinados dispositivos y no en otros, o lo que es lo mismo, se definen los límites y posibilidades del que-hacer profesional y de la ética implicada en sus actos.


Del Sujeto Recetado

        El estudio de este aspecto implícito de las prácticas económico-sociales, ha profundizado la conceptualización de "trabajo inmaterial", que comprende tanto el trabajo productivo como intelectual. No sólo podemos pensar en general en la práctica médica como definida en lo fundamental como trabajo inmaterial, sino específicamente la práctica de prescripción farmacológica.

"El concepto de trabajo inmaterial tiene como presupuesto y resultado, una ampliación de la "cooperación productiva" que llega a incluir la producción y la reproducción de la comunicación y por ello de su contenido más importante: la subjetividad." (1)

        La prescripción y el consumo de medicamentos, significan ante todo un consumo de información. La mediación de la función crítica intelectual distingue el acto médico de la mera difusión global de opinión instalada por los medios, aún aquellos que en lo académico fueron incuestionables en su momento. El prestigio histórico es, hoy más que nunca, insuficiente para el sostenimiento confiable de las opciones terapéuticas.
        El consumo ya no es sólo la "realización" de un producto, sino un verdadero proceso social que por el momento definimos con el término "comunicación".
        Hoy, que el medicamento es una mercancía privilegiada del mercado, se movilizan importantes estrategias de comunicación y marketing para conocer tendencias y hacer circular información con el objetivo de construir mercado. La mercancía postindustrial, y el medicamento sin duda también lo es, es el resultado de un proceso de creación que implica al productor como al consumidor, es decir la relación con los "clientes". El médico, como prescriptor, puede ser entendido como un término en esta relación.
        El cambio entre producción y consumo tiene consecuencias directas en la organización del trabajo y en la concepción misma de él. La necesidad de consumir ya no es producida directamente por el objeto (producto), sino por dispositivos específicos que tienden a identificarse con el proceso de constitución de la "comunicación social". La publicidad es la producción de la "capacidad de consumo" que se ha tornado un proceso de trabajo. El trabajo inmaterial produce, en primer lugar, una "relación social".
        Inmersos en el trabajo inmaterial del mercado, que da forma y materializa las necesidades, el imaginario, los gustos y demandas del consumidor - tanto el paciente como el médico soportan este lugar-, la práctica médica se desenvuelve en un ambiente ideológico cultural que no sólo produce mercancías, sino "relaciones" con los productos materiales y relaciones exclusivamente basadas en el acceso a ellos: "El paciente sólo quiere que le receten algo"

        Acceder al pedido, respondiendo a la demanda desde este lugar, significa una destitución de la función médica.

"La producción de subjetividad deja entonces de ser tan sólo un instrumento de control social y se vuelve directamente productiva, pues en nuestra sociedad postindustrial su objetivo es construir al consumidor/comunicador. Los trabajadores inmateriales satisfacen una demanda del consumidor y al mismo tiempo la instituyen." (2)

        El trabajo inmaterial produce al mismo tiempo subjetividad y valor económico. El sistema actual de mercado, modela la totalidad de la vida y rompe las oposiciones entre economía, poder y saber. El pensamiento crítico, apunta a hacer emerger las diferencias y evidenciar las opciones. La función intelectual, va en sentido contrario al denominado "pensamiento o discurso único".
        Tomemos algunos ejemplos prácticos reconocibles en el área asistencial y en la epidemiología actuales:
        Transmitir desde el lugar acreditado que aún goza el médico, que la intervención adecuada al malestar subjetivo es la eliminación de la sensibilidad, por ejemplo por acción del psicofármaco, es toda una posición que legitima los mecanismos de defensa más empobrecedores del sujeto: la negación, la evitación, el desplazamiento de los conflictos y padecimientos, que terminan donde es inevitable ocultarlos: en el cuerpo. (Ver: "Mitos en la Práctica Médica: Ojos que no ven...".
        Este mensaje, en forma invertida, le retorna al médico a través de la limitación de las oportunidades terapéuticas en los pacientes automedicados, anestesiados y que tardíamente consultan, después de haber evitado por todos los medios disponibles salvajemente en el mercado, de llegar a saber de qué se trata ese "dolor", esa disfuncionalidad que anunciara la patología, ahora intratable o invalidante.
        El consumo indiscriminado de fármacos, para aquellos que pueden adquirirlos, como el abuso de sustancias y la drogadependencia, son patologías de este tipo de subjetividad promovida por la economía de mercado, que promueve la incorporación de mercancías como una práctica de sostén o disolución de los sujetos alienados en vínculos sociales voraces, expulsivos o revulsivos; condenados a la soledad de los simulacros y las máscaras. Tampoco el médico escapa a esta modalidad, la práctica instituye subjetividad hacia el otro y hacia sí.

        La producción de contenidos "culturales" de la mercancía "fármaco" y sus consecuencias en la instauración de subjetividad, constituye todo un espectro novedoso que atañe a ciertos aspectos específicos de la conducta médica, sobre los que aún no se ha producido pensamiento. Como se sabe, lo impensado trae consecuencias en las prácticas.
        El "producto ideológico" que acompaña la prescripción médica, requiere un abordaje explícito y continuo, como parte de la formación y del ejercicio de la buena praxis. Incluir al mismo tiempo, en la currícula formal e informalmente estas consideraciones, intensifica la capacidad de pensar, operar e intervenir en la inmanencia de las situaciones donde pretendemos el ejercicio ético de la medicina.

        Insistimos en el trabajo de pensamiento que tenemos que forjar, sostener, ahondar, especialmente en estas áreas de la práctica, cedidas al automatismo del acto reflejo en que se tienden a reducir, como es el caso de la conducta farmacológica. La suposición de que el médico "piensa" antes de recetar, hoy más que nunca debe ser demostrada. Ya que en realidad, se supone demasiado y des-suponer es parte del trabajo de pensar:

"Yo siempre digo que un lugar donde sé labura mucho es un laboratorio, un lugar donde se mea mucho es un mingitorio y un lugar donde se supone mucho es un supositorio. Y suponer mucho es no pensar" (3)




  1. Mauricio Lazzarato, "El 'ciclo' de la producción inmaterial", en Trabajo Inmaterial. Formas de vida y producción de subjetividad. M.Lazzarato - A.Negri. DP&A editora, Brasil, 2001.
  2. Íbid.
  3. Ignacio Lewkowicz entrevistado por Luis Gruss: "Todo lo sólido se desvanece en la fluidez". Número dedicado al Homenaje a Ignacio Lewkowicz, en Campo Grupal, Año 6, N°56, mayo de 2004. Pág. 8/9.