Burn-out: re-adaptando al "quemado"

Lic. Diana Braceras
Psicoanalista, Equipo Interdisciplinario de Oncología
Correo electrónico: braceras@cancerteam.com.ar


        Bajo el título de "Burn-out", los Congresos de las distintas Sociedades Médicas, convocan un moderado interés de sus miembros, por dar lugar a una actitud reflexiva sobre la práctica asistencial. Tomando como objeto de descripción y prescripción la propia conducta del médico, sus dificultades y síntomas, se llega a renglón seguido, a recomendaciones estandarizadas de re-adaptación del sujeto en cuestión, que sufriría tal síndrome.
        Año tras año, escuchamos con renovado escepticismo y colectiva resignación, que la tarea del médico sigue siendo hoy más que nunca un apostolado, dadas las innovaciones en la práctica asistencial, introducidas por el modelo de Mercado de la salud y sus exigencias de ajuste productivo de la actividad médica. También, suele reconocerse que la fortaleza de esta vocación, no está exenta de cierto goce desafiante, que se solaza al confrontar los límites del padecimiento humano y de las condiciones de dificultad extrema, no sólo para la sobre-vida del paciente sino del propio médico.


"La ley y el orden"
Ilustra: Guillermo Poggioli
        Ya nos ocupamos del tema hace algunos años, analizando los dobleces interesados de tales descripciones, a la vez compasivas e indulgentes con determinantes estructurales del sistema político-económico, de las cuales esas observaciones parciales de la "realidad de la práctica", no son más que efectos sacados de contexto. Ver: "BURN-OUT: El síndrome de la canallada", 2002. Desde entonces, las condiciones de la práctica médica, han profundizado la tendencia y extremado el desgaste y sumisión del médico, empleado en el sistema o subocupado.
        La necesidad de desmantelar estas argumentaciones "asépticamente tendenciosas", pueden llevar a otra parcialidad tentadora: interpretar que se trata del antiguo método de inculpar a la víctima.
        Ciertamente el profesional de la salud acusado de sufrir "Burn-out", acusa centralmente síntomas de:


        La lógica binaria víctima-victimario, también escamotea dimensiones del problema que no llegan a considerarse. Hemos ya abordado algunas cuestiones relativas uso "psicoterapéutico" de elaboraciones pseudopsicológicas, cuando lo que está en juego es la ética profesional y el dominio hegemónico del pensamiento, servil a la ideología global: Ver "EPIDEMIA BÉLICA EN EL KINDERGARDEN GLOBAL". Respecto a la responsabilidad médica en la práctica mercantilizada de la medicina, profundizamos el análisis del "SINDROME DE LA MANADA", partiendo de un artículo aparecido en el New England Journal of Medicine(1): Ver "DE LA MEMORIA Y EL OLVIDO DE LOS MÉDICOS".

        Sin ignorar el consenso de los síntomas compartidos en el imaginario médico, que darían cuenta de estados anímicos y desajustes psico-físicos, que describimos en "EL STRESS LABORAL DEL MÉDICO", la condición necesaria para este análisis, es el rechazo al desplazamiento de los efectos de la sujeción a un sistema ideológico que comanda la práctica profesional, a la psicopatología individual.

        El procedimiento crítico que puede liberar el pensamiento de los márgenes estrechos de esta adecuación forzada, que conciente o inconcientemente se expresa en la práctica asistencial y en los malestares subjetivos tanto de pacientes como de médicos, pasa por adjudicar subjetividad a las partes del discurso que "se" desubjetivizan, fetichizando el campo social.

        ¿Quién cree que con esta medicina la gente se cura?
        ¿Quién sufre las consecuencias de estas prácticas estereotipadas?
        ¿A quién le sirve este gasto desmesurado en fármacos dudosos recetados en 10 minutos de consulta?
        ¿Qué relación médico-paciente puede establecerse en condiciones de cautividad y exclusividad de contratos gerenciados de atención médica?
        ¿A quién le corresponde la interrogación de la praxis y la delimitación de su campo intelectual?
        ¿A quiénes defienden las asociaciones de profesionales, sostenidas con el aporte sustancial de la industria farmacéutica y las empresas de productos tecnológicos sofisticados?
        ¿Quiénes deben diseñar las políticas de salud para nuestra población?
        ¿A quién beneficia la legislación que regula la actividad del sector?
        ¿A los problemas sanitarios de quiénes debe enfocar preferentemente la planificación pública y la investigación científica?
        ¿A qué intereses debe responder la ética profesional del médico?

        Es posible que las respuestas que se propongan a estos disparadores, engendren preguntas cada vez más complejas y nos lanzen a años luz de las paupérrimas preguntas y respuestas del "burn-out":

        - ¿Porqué estará irritado el doctor fulano?
        - Sufre del Sindrome del Quemado (en castellano), es decir, que según las estadísticas internacionales, seguro que el salario no tienen nada que ver.
        - ¿Por qué le deprime tanto la realidad de la práctica médica a este residente tan capaz?
        - Justamente porque son más vulnerables al Burn-out los jóvenes idealistas, que tienen grandes expectativas y vocación. Ya madurará...

        De otro calibre será preguntarnos si es posible el éxodo del trabajo como mercancía o cómo el antagonismo del trabajo se libera de la regulación y dirección de su hacer ejerciendo su autonomía.
        ¿Cómo se construye la autonomía colectiva, la autonomía efectiva de la autovaloración, desalienando la práctica y regresándola a su dimensión de trabajo inmaterial fundado en las relaciones personales, es decir creador de subjetividad, trabajo afectivo, al fin... La salud, como nuestro ancestros aborígenes(2) ya lo sabían, tiene su base en la "cabeza", en las maneras de pensar y pensarse. En los procedimientos de captación de verdades de las que sea capaz. Para tal tarea, la dimensión de lo colectivo, es intrínseca, ya que no se trata de un concepto numérico, sino de la eficacia de lo universal. (3)



  1. J. Burnum, "Medical practice a la mode" How medical fashions determine medical care. The New England Journal of Medicine, 1987; 317:1220-1222.
  2. Umiña o diosa de la Salud, es representada por una inmensa esmeralda tallada en forma de cabeza humana. Originalmente, sus sacerdotes administraban cuidados médicos y oficiaban sacrificios. Compartía su sitial en el templo de la ciudad de Pachacamac con un dios de la salud, que tiene la particularidad de ser deforme.
  3. Badiou, Alain, "La política como procedimiento de verdad" Tr. Del original francés Nilda Prados. en Acontecimiento. Revista para pensar la política. N° 27, Buenos Aires, 2004. Págs. 9/19.