Lo que quiere un paciente oncológico tal vez no sea para nada igual a lo que desea el médico o la familia

Lic. Diana Braceras
Psicoanalista, Equipo Interdisciplinario de Oncología
Correo electrónico: braceras@cancerteam.com.ar


        Esto lo podría haber dicho Lacán en la Mesa redonda en que intervino, en el Colegio de Medicina de la Salpetriere, por la década del 60, agregando: incluso puede ser diametralmente opuesto.

        Esta mayor complejidad de la clínica produce efectos en todos los tratamientos, pero poco y nada es tomado en cuenta, más bien se multiplican los atajos para esquivar semejante bulto.
        Una de las estrategias utilizadas son los módulos de "Psicoprofilaxis quirúrgica". Cuando está al servicio de preparar al paciente para aceptar una intervención no deseada, compleja o dudosa, se asemeja a los servicios de atención al cliente, todos sabemos que está al servicio de la empresa y no del usuario.
        Un mejor posicionamiento es esperable cuando se solicita la llamada "interconsulta". Aquí, la configuración de la entrevista "psi" y la interconexión de prácticas distintas, teniendo como punto de encuentro el padecimiento de un paciente, no incluye una pescripción médica determinada, aunque no dejemos de escuchar entre líneas, cuál es el anhelo del equipo, del médico o de la familia.
        No es seguro que una entrevista al pie de la cama de internación, por pedido médico derive en un "caso" o "una historia clínica", esto ya supone la dirección de un tratamiento según la lógica de la disciplina del profesional a cargo: Psicólogo, Psicoanalista, Psiquiatra, etc.
        Generalmente, el llamado específico o no, de familiares o médicos, pero también de los mismos pacientes, es una puerta de entrada, más o menos amplia o estrecha, desde donde ver la posibilidad de hacer alguna maniobra de subjetivación. Esto es, suponer que vamos a escuchar algo del deseo, de la angustia, de los ideales y mandatos, que pesan sobre un humano objetivado por el discurso de la ciencia. Cuanto menos idea prefijada tenga en cuanto a los objetivos de ese encuentro, más se estará en condiciones de sostener lo que Freud llamó "atención libremente flotante", algo así como una red de pescador que se deja mecer en las aguas del decir del paciente: permite una aparentemente libre circulación de palabras asociadas por el sujeto, desprevenido de intenciones codificadas del entrevistador.
        Como en la consulta médica, alguna capacidad personal juega en este encuentro, pero en lo fundamental, el instrumento teórico que respalda la intervención es decisivo para los resultados. De la misma sucesión de palabras y silencios, se "pescan" cuestiones distintas y muchas veces antagónicas. El Psicoanálisis trabaja con la hipótesis fundante del Inconciente, lo que difiere absolutamente del discurso del sentido común de la conciencia, por lo cual hay una divisoria de aguas respecto al que-hacer interdisciplinario, desde concepciones del sujeto tan distintas como las de las Psicologías comprensivas.
        La indicación de Psicoprofilaxis quirúrgica, suele ser tanto más necesaria, cuando hay oposición del paciente a la propuesta terapéutica del médico, no pocas veces con justa razón. El desarrollo histórico de éstas y otras intervenciones junto al campo médico con paciente y familiares, no debe justificar el "olvido" de los cambios en las prácticas de mercado de la medicina. Hoy más que nunca, se debe dejar entre paréntesis todo precepto de "incuestionabilidad" del acto médico y de "buenas intenciones" de los vínculos familiares, que llevan la impronta del sistema neoliberal, donde ciertos "fines", justifican todos los medios. Cuestión que no es privativa de la globalización pero sí ha llevado a un extremo la elasticidad de la "ética". Incluso con la ayuda de caprichosos principios de la "Bioética", cuya utilidad en beneficio del paciente no hay que dejar de probar, caso por caso.
        También en las filas del psicoanálisis, el "furor tratandus", hace estragos con pacientes cautivos de internaciones y prácticas médicas crónicas. Es muy poco probable una "demanda de análisis" en el contexto de intervenciones médicas importantes, que ponen en riesgo la vida, la integridad del cuerpo, las capacidades de autonomía de la persona. Al contrario, si explícitamente nos encontramos con ese pedido, habrá que tomarlo con pinzas, muchas veces canaliza la necesidad de avenirse a lo que se percibe como "deseo" del propio psicoanalista, una manera más de "portarse bien" con el equipo tratante, tener el beneficio del ser mejor tratado y obtener mejores resultados. Una estrategia de alienación al amo de la medicina.
        Muchas veces lo más terapéutico que uno puede ofrecer a un paciente a quien se le está pidiendo sumisión, conformidad, adherencia a la palabra del Otro, es no pedirle nada y darle la oportunidad de un lazo social sin exigencias, sin prescripciones, sin amenazas amorosas ni de las otras.
        Qué es lo que realmente podremos hacer por cada paciente, nos depara el mismo efecto que el inconciente: nos sorprenderá a posteriori.

        Leonor cumpliría 80 años el próximo 11 de diciembre, fue derivada por su médica clínica del servicio de Oncología del Policlínico donde se atendía hace unos meses: tenía muy disminuida la visión por efecto de metástasis cerebral, diagnosticada recientemente. Los efectos de la angustia eran evidentes, apenas podía hablar: no poder leer, para ella era no existir. Soltera, dedicada a la docencia durante 42 años en Escuelas Domiciliarias y en un Centro para Niños Psicóticos y Autistas, su biblioteca era el bien más preciado y la compañía más valorada. Sus libros ocuparon según ella, el lugar de hijos, de pareja, de familia, aún de amistades entrañables; venía acompañada de personas que la trataban con afecto y respeto, y que no la querían ver llorar. Diversas dificultades en los tratamientos médicos que cumplía pero no daban los resultados esperables, disparó el pedido de médicos y allegados: Hay que ayudarla a soportar la medicación y/ o una intervención quirúrgica que no le devolvería la visión. El desprecio por mi persona y profesión, acompañó casi todo el ciclo de encuentros, estaba muy enojada porque la "mandaron a la psicóloga" todas unas chiquilinas, improvisadas, ignorantes, "qué le podían enseñar a ella!" Y seguía viniendo puntualmente a despotricar contra la "psicología". Uno de esos días, me preguntó si tenía hijos y de qué edades, la próxima vez que fue la última, trajo un pequeño libro de su autoría:

"Esto contó la tía Tabita"
Cuentos y poemas para leer a niños de 3 a 5 años.


        Lo que ella pudo dejar en el espacio abierto con su enojo, fue la inmensa vergüenza que le daba tener miedo a morir, siendo una intelectual de la cual se esperaba una gallarda resignación al fin de su vida, sin mayores problemas ni angustias. Era la primera vez que se enfermaba, pero no estaba dispuesta a vivir sin poder leer con sus propios ojos, ni a morir tan enojada con Dios. Leonor me eligió para ser leída después de su muerte, a niños para quienes dedicó palabras como éstas:

Cancioncita para subir a las sierras

Bajó de la sierra un aire
De peperina y poleo
Que me tomó de la mano
Y me ha llevado hasta el cielo.

Puso sobre mi cabeza
Una guirnalda fragante;
Cuatro cabritos pintados
Iban brincando delante.

¡Qué hermoso subir cantando
por un camino brillante,
llegar, llegar a la cumbre
y ver el valle distante!