Dolor Clase "C"
Del desamparo a la desolación


Lic. Diana Braceras
Psicoanalista, Equipo Interdisciplinario de Oncología
Correo electrónico: braceras@cancerteam.com.ar


"...de la corte llegaban, también sin cesar, ordenanzas que otorgaban
una protección de papel y una dignidad de tinta a los indígenas..."
Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina(1)




"Justicia en Llamas"
Ilustra: Guillermo Poggioli
  1. De visita al Hospital Público de una Provincia del centro de la República Argentina, el Jefe de Farmacia admite: "Aquí somos un poquito perezosos para hacer las recetas de morfina, si se pide, hay". Este insólito argumento intentaba responder a la fuerte demanda de control analgésico en enfermedad oncológica avanzada, que los pacientes y especialmente sus familiares, pusieron de manifiesto en una Jornada Oncológica abierta a la comunidad, a la que fuimos invitados recientemente. El testimonio dramático de la esposa de un paciente que resolvió ahorcarse, ante lo intolerable del dolor no tratado, aún resonaba en nuestros oídos y en el alma.

  2. Sumarían casi 200 las víctimas fatales del incendio del salón bailable clase "C", donde comenzaba el pasado 30 de diciembre el recital del grupo Callejeros. El país se conmueve no sólo por la magnitud del siniestro, sino por el bajo promedio de edad: El 34% de los muertos no tenía más de 18 años (2). Incluyendo bebés y niños de corta edad. El local, propiedad de un conocido empresario de la noche porteña, no cumplía con las más elementales condiciones de seguridad y tenía la habilitación vencida.

  3. El presidente de Brasil, Lula dispuso el "secreto eterno" para los archivos de la guerra de la Triple Alianza (Brasil, Argentina y Uruguay) contra Paraguay (1864-1870), que contienen documentación sobre los sobornos y atrocidades cometidas por los aliados, obteniendo el doloroso resultado de la apropiación de gran parte del territorio del vencido país y la aniquilación de su población masculina, sólo quedaron mujeres y niños. El Paraguay no se recuperó jamás de este genocidio.
        Un paciente, un grupo social, un país.
        El dolor multiplicado en una familia, en una generación, en una raza.
        Si como dice Galeano, la perpetuación del actual orden de cosas es la perpetuación del crimen, será del orden de la ética nuestra oposición a lo que hay y nuestra acción concreta de compromiso por hacer que otros mundos sean posibles.
        No creemos como la ministra paraguaya que accedió cercenar el derecho a la información de su pueblo, que "la historia es sólo parte del pasado" (3). Los hechos enhebrados en esta nota, son viñetas de algo del pasado más o menos reciente o remoto, pero... "La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será." (4)

        Las formas de la perpetuación y del retorno del dolor brutal de la pérdida de lo amado, impedido de elaborar por el silencio, la injusticia y la impunidad, exceden la memoria conciente, el recuerdo. Se configuran verdaderos "traumas" sociales en la intersección misma de las pequeñas historias personales y la gran historia de los pueblos.
        Vivimos hace años la guerra invisibilizada que tiene como blanco la mayor parte de la población mundial, considerada inviable por el actual modelo neoliberal de acumulación concentrada de capital. Se trata de la reducción de personal, a nivel planetario: lo mínimo necesario para el servicio del poder, los demás, sobran. Las maneras de eliminarlos son diversas, cuanto más bajo el estamento social, más evitables se ven las causas de su desaparición. Efectivamente, sólo falta el deseo o la conveniencia de que toda esa humilde humanidad viva: los enfermos sin cura, los niños sin baby sister, los jóvenes sin trabajo, los adultos sin fondos de inversión.
        Una nación con pretensión de autonomía, como lo era el Paraguay en pleno siglo XIX, llegó a ser el país más "moderno" del cono sur: cerró sus fronteras al liberalismo económico que ya se estaba instalando en todo el continente a instancias del poder de entonces, el imperialismo inglés. El disciplinamiento imperial tuvo la forma de la Triple Alianza: Brasil, Uruguay y Argentina hicieron el trabajo sucio. Desde entonces, estamos acostumbrados, a que esas caras morenas de rasgos indígenas guaraní, son los peones de la construcción, se ocupan del servicio doméstico y de los trabajos más duros y peor pagos de nuestro país. Como si tuviera cierta cuota de naturaleza paraguaya, pertenecer a los barrios periféricos y a las villas de emergencia.
        Por lo mismo, no es extraño que las víctimas de República de Cromañón, también en su mayoría, pertenezcan a la clase baja y media empobrecida. Ostentaban en sus cuerpos las marcas de su identidad, no en sus coches o en sus tarjetas de crédito. Fueron reconocidos y buscados los chicos por sus tatuajes y muchos eran indocumentados, por eso los familiares pedían ante las cámaras que se evite la burocracia de los papeles y que les entreguen a sus hijos, depositados en lugares distantes a un boleto o dos de colectivo, que no se podían pagar.

        Y en nuestro pequeño muestrario social, el de los enfermos de cáncer, sabemos que en vastas zonas, especialmente ricas en descendientes de nuestros pueblos originarios, wichis, mapuches, coyas, a veces, el único medicamento que conforma el tratamiento oncológico es una aspirina. Cuanto más bajamos en la escala social de la población hospitalaria, el dolor evitable y controlable, hace estragos en las entrañas humanas de este excedente planetario.

        Todo esto acontece ante la indiferencia de las instituciones que en el siglo XX, se instalaron en la función de amparar a los habitantes del estado-nación. El Estado, tal como lo concebimos aún en nuestro imaginario, respondía con más o menos responsabilidad a las funciones de cuidado del ciudadano, marco en el que los vínculos sociales se garantizaban cierto funcionamiento regular. Ante el desamparo, se registraba la falla institucional y se peticionaba a las autoridades.
        En la desolación actual, el desfondamiento de las instituciones de amparo pone en evidencia un agujero en la responsabilidad jurídica institucional y la trama de "arreglos" particulares, que conforman el funcionamiento normalmente irregular de las prestaciones. Aunque no declinemos la exigencia de cumplimiento de las normativas, suponiendo la vigencia de las instituciones pasibles de legislar y ejecutar leyes y sentencias, no podemos dejar de registrar que ingresamos a un tiempo de contingencia e incertidumbre, con un entorno fluctuante y sin garantías.


De las instituciones de amparo a las prácticas de cuidado:

    "Pero si no hay institución destinada al amparo, bien puede haber relaciones de constitución, relaciones de configuración, relaciones en las que los términos estén vinculados entre sí sin una institución garante de los reúna. En el desfondamiento de las instituciones -no sólo en la extrema pobreza- hay que configurarse pensando... pueden cuidarse mutuamente si mutuamente se piensan.
    El desamparo en la desolación es no poder pensar lo que efectivamente hay. El desamparo en la desolación es no poder pensar el modo en que se constituye el vínculo. El desamparo en la desolación es suponer que hay un vínculo y, por lo tanto, no imponerse construirlo. " (5)





  1. Galeano, Eduardo, Las venas Abiertas de América Latina, 35 edición, Siglo XXI Editores, Argentina, 1983. Pág. 59.
  2. Titulo de primera plana del diario argentino "Clarín" del día 5 de enero de 2005.
  3. Revelación del diario Folha de Sao Paulo. "Brasil: la guerra de la Triple Alianza quedará en secreto", en diario Clarín, 17 de diciembre de 2004.
  4. Galeano, Eduardo, Íbid. Pág. 11.
  5. Cristina Corea y Lewkowicz, Ignacio, Pedagogía del aburrido, Paidós, Buenos Aires, 2004. Páginas 98/103.