La doble vida de los pacientes con cáncer

Lic. Diana Braceras
Psicoanalista, Equipo Interdisciplinario de Oncología
Correo electrónico: braceras@cancerteam.com.ar


        Creemos que la vida, nuestra vida, es una sola, hasta que algún acontecimiento nos demuestra lo contrario.
        Sabemos acarrear los cambios progresivos, con nosotros dentro, de los límites reconocidos de nuestra cara en el espejo, de esta piel del cuerpo que nos separa de los otros cuerpos del mundo al menos, hasta que la pasión nos sugiera lo contrario... en algunos momentos... y luego zarpamos de regreso a la nave propia, que nos recuerda el tiempo, el nombre y el espacio donde vivimos con el único amor que muere por nosotros: nuestro cuerpo.
        Esa vida, la cotidiana, la imaginada, en la que debemos creer para poder vivirla, esa que reencontramos al abrir los ojos cada día, está construida palmo a palmo, como un cuadro renacentista que "copia" una realidad compartida "naturalmente", por el universo que para cada uno: es el mundo. Hasta que un día ese mundo, esa realidad, esa vida, cambian.
        El diagnóstico de cáncer tiene entre nosotros y en la actualidad, esa capacidad de hacer estallar el mundo particular de la persona que se encuentra, de un día para otro, como quien da vuelta la esquina desprevenido y choca con un aluvión de esquirlas que le pulveriza la integridad ilusoria de su vida, recién ahora sorprendentemente provisoria, precaria y finita.
        El trabajo psíquico que requiere el armado de este "rompecabezas" (el castellano es insuperable en esta ajustada imagen del puzzle), en el que se ha convertido el día, el cuerpo propio y el futuro, equivale tal vez a esa imagen mitológica de Sísifo, condenado por los dioses a rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, desde donde la piedra volvía a caer, para tener que ser eternamente transportada. No es necesario el escepticismo de creer que el trabajo es inútil y sin esperanza. Es el volver a remontar la vida, con esa "verdad" que de repente nos invade: la muerte existe.
        "Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde, conoce toda la magnitud de su condición miserable: en ella piensa durante su descenso. La clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria. No hay destino que no se venza con el desprecio." (1)
        La vida es una, observada desde la distancia segura de la "realidad cotidiana", y es otra, desde la proximidad develada de lo real.


Vivir sin piel

        La grieta que se abre en la trama de la realidad compartida con el entorno, cuando el "agujero negro" de lo real del organismo se come las palabras, con las que vestimos el cuerpo, sus malestares y su estética, lo deja a uno partido en dos: de la piel para afuera, la vida continúa y los otros nos esperan como antes, cuando "uno mismo" se creía el mismo cada día y por siempre. Sin el "vestido de la carne" (2), la vida palpita en los bordes de lo impensable, de lo inimaginable y el paciente estrena un diccionario de palabras nuevas, aprende a nombrar y conjugar una lengua extranjera: la de los médicos. Siglas, neologismos, cifras, imágenes, aparatos, porcentajes, estadísticas, ciclos, cálculos y resultados. Órganos, venas, glóbulos, plaquetas, células. De este lado de la vida, el espacio se habita por micrones, y uno quisiera ordenar la materia como se disciplina una casa, eliminando la basura, limpiando, poniendo y sacando a voluntad con esa comunión inadvertida entre lo utilitario y lo bello.
        Y sin embargo, hay veces en que lo interior del cuerpo se percibe en la superficie: el tumor. El tumor de mama, es por excelencia un emergente de ese cuerpo más allá de la piel, en el más acá del tacto superficial, aún de la imagen.
        Tal vez, por afectar mayoritariamente a las mujeres, estos tumores hablan más de lo esperable. Por algo, lo femenino convoca al misterio, a la excepción ... "en la reacción de una mujer siempre hay algo imprevisto, la mujer nunca reacciona del modo esperado; un día no reacciona a algo que hasta entonces nunca había dejado de excitarla. Otro día la excita algo que el hombre le hace al pasar, inadvertidamente... La mujer no está totalmente sometida al vínculo causal; con ella el vínculo lineal de la causalidad se rompe." (3)
        Todo lo dicho hasta ahora respecto a la doble vida, de los pacientes oncológicos, describe el sumergirse alternativamente en los avatares cotidianos con sus semejantes y luego bucear en las experiencias insospechadas que provee la ciencia, pero también innumerables "alternativas" entre mágicas y parapsicológicas que salen al encuentro de la desesperación.
        Para el Psicoanálisis, la escisión entre el cuerpo orgánico (real) y el erógeno (imaginario-simbólico) es insalvable, esta imposibilidad de unión es uno de los nombres de la castración. Pero la irrupción que en el cuerpo desdobla la vida, acercando amenazadoramente la verdad insoportable de la muerte, siembra de novedosas posibilidades la existencia, si se sabe cosechar el amargo fruto del goce.
        Las angustias, malestares y pesares de las pacientes con cáncer, pueden ser rápidamente comprendidos como efectos lógicos del atravesamiento por la enfermedad y el complejo tratamiento que le espera. A esta esfera de problemas está dedicado generalmente el "apoyo psicológico". Pero si es cierto que en la mujer está invertida la causalidad, tenemos una valiosa clave para interpretar la oportunidad del enfermar:
        Un intento "terapéutico" que se da el organismo, cuando es imprescindible detener la caída de autoaniquilación, decidida por algunas instancias de la vida, que será necesario develar. Las categorías de causa y efecto se desdibujan:

        ¿Qué fue antes la depresión o el cáncer?
        ¿Porqué puede llegar a ser necesario un alto riesgo para calibrar la vida?
        ¿Puede ser tal alto el precio de un fracaso que merezca la pena de muerte?
        ¿Solo una dolencia tan extrema puede movilizar la indolencia del letargo?
        ¿Saber que aún se puede perder más, tiene que costar una parte del cuerpo?

        La causalidad "simbólica" de la que hablamos, es específica del ser humano, el sujeto mismo determinará qué causas lo determinaron. Un recorrido cuyo punto de llegada es al mismo tiempo una partida. Otra vida.




  1. Camus, Albert, El mito de Sísifo, Losada, Buenos Aires, 17va. Ed., 2000. Pág. 131.
  2. Zizek, Slavoj, Las metástasis del goce, Paidós, Buenos Aires, 2003. Expresión utilizada por el autor para referirse a la piel: "...relacionarse con el cuerpo implica suspender lo que está bajo la superficie". Pág. 174.
  3. Íbid. Pág. 179.