ESCRACHE II. DESORDEN EN EL DOMICILIO EXISTENCIAL: EL CUERPO ESCRACHE II.
Desorden en el domicilio existencial: El cuerpo


Escribe Lic. Diana Braceras
Psicoanalista, Equipo Interdisciplinario de Oncología
Correo electrónico: braceras@cancerteam.com.ar

"Había incluso en esa actitud algo ritual, que se concretaba físicamente en el hecho de que la encontráramos en el hospital, sentada en una silla de ruedas y en cierto modo inválida. Esto seguramente configuraba para ella la concreción de la caída, de un estar físicamente en el nivel ontológico del 'pobre', como si procurara lograr al fin el desgarramiento...Ella vivía los símbolos pero no podía decirlos".(1)


Ilustra: Guillermo Poggioli
        El fragmento es un comentario del profesor salteño Rodolfo Kush, a propósito del testimonio de una 'informante' de Cerrillos, Salta, indagada con el propósito de realizar un análisis del discurso popular, a partir de una pregunta a cerca de si conocía alguien que pudiera curar. Este trabajo de campo, lo realizó un equipo de la Universidad Nacional de Salta durante el año 1975 y se analiza en Esbozo de una Antropología Filosófica Americana. El texto nos acerca desde otro lugar, la perspectiva sobre el cuerpo como domicilio existencial 'escrachado', por la enfermedad, que propusimos explorar.
        El pensamiento popular, ya desde el lunfardo ciudadano, ya desde las creencias que testimonian comunidades que transmiten un saber ancestral, diseminadas en una amplia geografía rural, nos abre un territorio poco frecuentado desde lo académico, para entender cuestiones fundantes de la estructura humana.
        La creatividad de la lucha de los colectivos antagónicos al poder de los estados, estructuralmente injustos con sus pueblos, resulta un catalizador de estrategias, una cantera de saberes no sabidos, que bien vale la pena la osadía de sacar a luz, con el deseo de que nos iluminen nuevos caminos de liberación o de 'salvación', al decir de la concepción popular de la cura.
Según veníamos articulando, en la edición anterior DE LAS LUCHAS SOCIALES A LA SUBJETIVIDAD: LA ENFERMEDAD COMO 'ESCRACHE':
"Se trata de operaciones potencialmente capaces de subjetivación en acto; en sentido amplio, los escraches consisten en una interpelación, una apelación, un preguntar respondiendo, un forzamiento ético de lo ya instituido, incapaz de estar a la altura de lo que irrumpe con violencia, y no puede ser metabolizado con las estrategias disponibles hasta entonces."
        En buen 'lacaneano', un encuentro con lo real, bajo la forma del trauma, se relanza en una búsqueda de significación, requiriendo operaciones de inscripción y ligadura que permitan tramitar, articular y componer un lenguaje posible de elaborar psíquicamente. Pequeño detalle, que en este recorrido es de resaltar, para que todo este artefacto discursivo opere, es requisito que funcione: el Juicio del Otro.
Dentro de las posibilidades de la estructura psíquica normalmente constituida, cuando hay un cercenamiento en el plano simbólico, el retorno en lo Real, puede tomar la vía del padecimiento del Sujeto. Desde la lectura de casos tratados psicoanalíticamente, este retorno de algo rechazado en lo simbólico, se presenta generalmente como 'acting-out' (acción), o como 'alucinación' (percepción). Se trata de los polos opuestos del aparato psíquico diseñado por S. Freud, en lo que se denomina Primera tópica (1900) (2), en ambos casos hay sustracción: la acción sin saber y la percepción sin objeto. Se da a ver y a escuchar algo rechazado por el Sujeto, que sólo puede ser interpretado desde Otro que reconstruye el discurso, desde un lugar especial, aquel desde donde se ejerce el poder de sancionar simbólicamente lo que muestra o siente inexplicablemente el sujeto. Es el lugar del Otro primordial, el lugar del Lenguaje y de la Ley.
        Volviendo ahora con estos elementos al 'escrache', ciñamos los significados de las acciones que implica de hecho el recurso de escrachar, en su acepción popular actual:
        Interpelar, apelar, preguntar y sus derivados, según el Diccionario de María Moliner:

interpelar.
(Del latín "interpellare", interrumpir al que habla, de "appellare" -ant. "pellare"-, dirigirse a alguien hablando)
Pedir con autoridad o derecho a alguien explicaciones sobre cierta cosa en que ha intervenido o excusas sobre algo que ha hecho: 'Interpelar a un ministro en el parlamento'.
En las Cortes, hablar un representante para promover un debate ajeno a la discusión de proyectos de ley.
Pedir cuentas [explicaciones, satisfacciones]. Preguntar.

¿Quién es el interpelado a través de lo que habla una enfermedad?
Ejemplo: "Vamos a ver si mi hijo ahora sigue con los planes de irse del país..., no es lo mismo que a mí me dejen sana, que en esas condiciones. Vamos a ver qué hacen ahora..."

apelar.
(Derivado del lat. "appellare"; v. "apellidar, interpelar"; "a".)
Invocar. Referirse a cierta cosa, particularmente cierta cualidad, disposición o situación de alguien, para predisponerle a conceder algo que se le pide: 'Apeló para conmoverle, a su madre" 'Apelo a vuestra benevolencia' "Invocar". Recurrir, a veces empleando el mismo verbo "apelar", al testimonio de alguien:
'Apelo a mis compañeros para que confirmen lo que digo. Apeló al testimonio de su jefe'
"Acudir. Recurrir". Valerse de algo o de alguien para salir de una dificultad o apuro: 'Para salvarse tuvo que apelar a sus piernas. Tiene amigos a quien apelar para conseguir el dinero'.
(*derecho; "de; ante, para") "Alzarse. Recurrir" Pedir a un tribunal superior la revisión de una sentencia de otro. A pesar de ser un verbo intransitivo, se considera correcto decir 'la sentencia apelada' o 'la sentencia ha sido apelada'. En cambio, no se considera correcto decir 'apelar una sentencia', siendo la expresión correcta 'apelar de [contra] una sentencia'.

¿Cuáles son las condiciones para que se apele al cuerpo para la invocación?
Ejemplo: "Los chicos no me perdonan la muerte de la mamá... no entienden que yo no pude hacer nada, mi enfermedad parece que no les importara nada, como si lo tuviera merecido"

preguntar.
Posiblemente, a través de un sup. "praecunctare", del lat. "percontari", sondear, preguntar.
Puede ser complemento directo el de cosa o el de persona: 'le fue preguntada su edad; yo hubiese contestado si hubiese sido preguntado'.
Véanse formas de expresión en "interrogar"; y la construcción de la pregunta en "oración interrogativa" y en "verbo - uso de modos y tiempos en la oración compuesta".) Pedir alguien con cierta entonación de la frase o con el imperativo de un verbo como "decir" o "explicar" que le contesten "sí" o "no" a cierta cosa o le resuelvan una duda: 'Le preguntaron si sabía leer. Me ha preguntado cuántos años tengo'. Hacer lo mismo con el gesto, la mirada, etc.: 'Me preguntó con un gesto si nos marchábamos'. Hacer preguntas un juez de tribunal de justicia y, particularmente, un profesor o juez de tribunal de exámenes u oposiciones.
(V.: Consultar, demandar, examinar, inquirir, interesarse, interpelar, interrogar, interviuvar, pescudar, repreguntar, sonsacar. Consulta, cuestión, demanda, pega, propuesta. Encuesta, interrogatorio. Investigación.)

¿Se pregunta con el cuerpo y se responde?
Ejemplo: "Siempre fui el último orejón del tarro, no se si realmente mi familia está tan afectada por mi enfermedad o están preocupados por los gastos que pudiera ocasionar."

        La proximidad con el lenguaje jurídico de estos verbos: interpelar, apelar, preguntar, que asociamos a la intencionalidad de la acción de 'escrachar', también puede rastrearse en el 'enfermar'.


¿Qué hice yo para merecer esto?

        La enfermedad es interpretada desde la antigüedad como 'castigo', pena y consecuencia por el mal obrar, sentencia fortalecida desde las religiones, interculturalmente. También desde la ciencia las interminables listas de 'factores de riesgo', dejan en el terreno de la sospecha a todo enfermo que advertido o no, ha faltado a alguna prescripción preventiva ('Ud. no dejó de fumar'), algún chequeo periódico ('Si se hubiera hecho una mamografía...'), o alguna norma estadística ('Con ese nivel de colesterol...'). Transgresiones tan fatales como los incumplimientos de rituales o tabúes, establecidos en el mundo mágico de ciertas culturas, tan descalificadas por el conocimiento científico de occidente.
        La investigación que con el método psicoanalítico se alcanza, a través de este particular lazo social que instaura el psicoanálisis, llega con regularidad a la maraña de responsabilidades, culpas, faltas, sentencias y mandatos a cumplir de verdaderas 'penas', que la enfermedad satisface.
        Como en el 'escrache', una sentencia implícita se hace evidente, se cumple y muestra.
        Algo así como "Justicia por mano propia", teniendo en cuenta que la metonimia 'mano', con el recurso de la parte por el todo, está representando todo un cuerpo presente, necesario de poner en juego tanto en un escrache, como en una enfermedad.
        La acción misma del escrache o la enfermedad ya constituye un 'juicio' en sí misma, un ajusticiamiento, un ajuste de cuentas, independientes del discurso oficial: discurso jurídico en el caso del escrache; independiente de las razones de la conciencia, en el enfermar.
        El 'Yo' como representante oficial del Sujeto, pretendiendo subsumirlo todo bajo su parcialidad autoconciente, puede encontrar inexplicables, no solo los cargos, sino negar la existencia misma de la falta y el castigo. Y sin embargo la rebelión contra la injusticia ("¿Porqué a mí?") o lo contrario, la resignación ("Es voluntad superior"), no dejan de insistir... sugestivamente.
        También nos encontramos con la 'cuota' del penar en la concepción popular de la cura a la que hacíamos referencia:

"Por eso la curación del manosanta tiene una característica específica que no entra en el sentido médico. Más bien entra en la cura como cuita o solución de un temple de ánimo que, por su parte, se remedia como abandono, como sentimiento de caída. Lo que cura la cuita es la caída, pero sólo para estar andando y no para remediar una posibilidad de ser, elaborada a base de excesos..." (3)

        Con las categorías freudianas, podríamos decir que la enfermedad, en muchos casos implica un 'juicio inconciente', es decir del Otro, en el que el castigo necesario para expiar la culpa, se registra en los padecimientos del cuerpo. Ciertamente, el riguroso tribunal también puede aplicar la pena de muerte, ante lo cual, todos los esfuerzos por salvar la vida, pueden resultar inútiles. Es de destacar que, a diferencia del 'linchamiento', no llega nunca a ese punto, el procedimiento social que comentamos: no hay peor verdugo que la severidad de cierta instancia psíquica que nos constituye (Super yo) y que se comporta como lo haría una turba de justicieros, sin ninguna confianza en que la Ley actúe.

        La convocatoria pública al Juicio del Otro, intenta una restitución de la función de la Ley y un límite al goce, satisfacción mortífera que no da lugar al sujeto. En muchos casos, - y habrá que probar en cuáles -, la enfermedad, como el recurso extremo del 'escrache', auspician la convalidación por parte del Otro, de un registro compartido y común, es decir una interpelación a la legalidad de la comunidad, sin aceptar excepciones. Matriz que posibilita el ordenamiento de los lazos sociales y también ordenador del cuerpo, ese domicilio existencial del sujeto.

        Como bien lo decía A. Camus en referencia al orden social:

"No es el orden el que refuerza la justicia, sino la justicia la que da su certeza al orden." (4)

        Tal vez sea necesario pasar singular y explícitamente por todas las instancias del 'juicio' silente que se infiere del enfermar, para lograr un ordenamiento duradero del tejido social, y del otro... aquel que aisladamente suele tratar la medicina, tan 'científicamente' ignorando lo que del Sujeto se está escranchando en el enfermar.
        Regularmente es el médico, o el analista, el que es alojado o adviene a ese estratégico lugar de de interpelación. Mejor que sepa de qué se trata y haga justicia a su investidura.
  1. Kusch, Rodolfo, Esbozo de una Antropología Filosófica Americana, Ed.castañeda, San Antonio de Padua, Pvcia. De Buenos Aires, 1978. Pág. 34/35
  2. Freud, Sigmund, "La interpretación de los sueños", en Obras Completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973.
  3. Kusch. Rodolfo, Íbid. Pág. 32.
  4. Camus, Albert, en Moral y Política, Losada, Buenos Aires, 1978. Notas tomadas por la autora en el artículo: "Abierto por Balance" editado en El Otro Cáncer, reimpresión Ed. Biblos, Buenos Aires, 2003.


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