¿PORQUÉ NO ES ACONSEJABLE EL PSICOANÁLISIS PARA PACIENTES CON CÁNCER? ¿PORQUÉ NO ES ACONSEJABLE EL PSICOANÁLISIS PARA PACIENTES CON CÁNCER?

Escribe Lic. Diana Braceras
Psicoanalista, Equipo Interdisciplinario de Oncología
Correo electrónico: braceras@cancerteam.com.ar

        Sorprende la seguridad con que en la bibliografía disponible en el ámbito de la información general o difusión de estándares profesionales, se recomienda que no se trate 'psicoanalíticamente' a un paciente con diagnóstico de cáncer.
        Llama la atención, tanto la seguridad de la recomendación, como la ausencia de argumentos.
        Parece ser muy obvia la conveniencia de tal abstención, reconocida y reafirmada desde la medicina y distintas técnicas psicológicas 'terapéuticas' e incluso por 'consejeros' y voluntariosos auxiliares de servicios de oncología que, convencidos de los beneficios del 'apoyo psicológico' para pacientes, coinciden en la inconveniencia del psicoanálisis en tales circunstancias, por cierto crónicas, dadas las características de la enfermedad.
        Resulta difícil de comprender que también desde algunos 'referentes' de lo que identificamos como 'Psico-oncología', que se consideran 'psicoanalistas', relativicen su práctica o necesiten aclarar, que lo que dirigen como terapia, en el caso de pacientes oncológicos, no constituye un tratamiento psicoanalítico.
        Desde la inserción institucional en Escuelas y como parte del movimiento psicoanalítico internacional, de reconocida trayectoria freudiana y lacaneana, también se registran compulsivas derivaciones de pacientes en análisis ('analizantes'), en cuanto el diagnóstico de cáncer, irrumpe en un tratamiento ya instalado sobre la base de una demanda de análisis, que cursa en la transferencia por los carriles más o menos conocidos del supuesto saber del analista.
        Una paciente, luego de varios años de sesiones con un conocido colega, consulta si podría comenzar un nuevo análisis, ya que al encontrarse en tratamiento oncológico, se había interrumpido su cura analítica, dado que 'honestamente' el analista había declarado su ignorancia respecto al campo de la oncología, como para continuar la dirección de la cura con esta paciente, recientemente diagnosticada:
"- ¿Será que si tengo cáncer ahora resulta que tengo que hacer una 'terapia breve'? ¿El psicoanálisis es para pacientes sanos? ¿Es que hay que tener carnet de inmortal para analizarse?"

"Todo lo que es fácil de enseñar, es inexacto"(1)

        Es importante constatar este tipo de contradicciones, pues fácilmente podríamos adjudicar a una 'desleal competencia profesional', el recorte del campo de ejercicio de la práctica psicoanalítica, con la excusa de una necesidad terapéutica específica, que no podría esperarse desde la teoría y el método que sustenta el tratamiento que dirige un psicoanalista.
        Evidentemente que ese motivo de rivalidad y opinión interesada, tiene su importancia en la contraindicación generalizada, como así también la ignorancia y los prejuicios respecto del psicoanálisis, sumados al recelo que provoca un campo de estudio que explica las conductas humanas, con un nivel de exigencia epistemológica que difiere de los datos de la experiencia común, por la complejidad de su objeto teórico: lo inconciente y el goce. Diferencia que molesta, tratándose del estudio de la psiquis, y en cambio se respeta en otros campos de la ciencia.
La rivalidad, el interés, la ignorancia, los prejuicios, los celos, la desestimación sin duda, tienen sus efectos. Pero esto no lo explica todo.
        El 'facilismo' de las nociones 'intuitivas' y 'evidentes' para el sentido común, a partir de lo cual se fundan recomendaciones 'psicosociales', cuentan por lo general con amplio consenso dentro del ambiente médico, de los familiares y allegados del enfermo y del mismo paciente. Efectivamente, nada muy alejado de la autopercepción conciente de las dificultades reconocibles por el Yo oficial, va a ser tenido en cuenta o afectado por abordajes pautados según ideales de 'bondad' o 'adaptación', nombrados en la práctica médica como 'Terapias de apoyo' y 'Doctrina del Buen morir'.
        Bajo este sistema de ideas dominantes, la suposición del deseo de curación será indiscutible o indiscutida, por lo tanto el 'libre albedrío' respetable, como si la 'autonomía' del sujeto fuera un bien inanalizable y las decisiones, solo un asunto de voluntad y 'estilo de vida'.
        En este contexto, un tratamiento consistirá en una especie de pedagogía tanática, que logre el apoyo creciente de los involucrados y el cumplimiento de un límite cercano de las expectativas, comenzando por los limitados objetivos terapéuticos.

Psicoanálisis es el tratamiento que se espera de un psicoanalista(2)

El deseo involucrado en un análisis, es decir el de analizar y de seguir analizando, aún en situaciones críticas de la vida del paciente, tiene que ver fundamentalmente con la teoría: es que la concepción del sujeto, hace todas las diferencias respecto a cualquier otro abordaje psicoterapéutico.
        Lo que pone en cuestión un análisis, justamente en el curso de una enfermedad orgánica, son las certidumbres más intocables de la 'comprensión', productos de la imaginación, que damos por sentados en cualquier vínculo social con cierto grado de empatía o identificación:

La exterioridad del deseo respecto al padecimiento.
La fuerza de la voluntad conciente para abogar por la curación.
La incompatibilidad de las elecciones propias, respecto de la complicidad con el sufrimiento.
El divorcio de los problemas orgánicos respecto de la vida psíquica.

Quién va a saber mejor que yo, lo que me conviene?"
" ¡No me van a decir que me olvido a propósito de hacer los controles a tiempo!"
"¿A quién le puede importar más la propia vida que a mí misma?"
"¡No se puede luchar contra el destino, uno no tiene nada que ver con la suerte!"
"Si el doctor me recomienda no hacer nada, por algo será, él es el que sabe"
"Uno necesita creer que todo lo hacen por mi bien, sino... no se puede vivir"
"Hay que confiar en el amor de los hijos, yo prefiero que decidan ellos por mí"
"No hay nada que analizar: esta es 'realmente' una enfermedad orgánica"

        Si la consigna fuera, que una persona con cáncer, debe transcurrir su enfermedad y sus tratamientos en posición de creyente, ignorando las contradicciones propias y ajenas, dependiendo de decisiones de Otros, o imponiendo su voluntad silvestremente, apoyada en el sentido común que nos asiste encubriendo las más peligrosas decisiones... no dejaremos de encontrarnos como en las tragedias clásicas o en los clásicos tangos, con la 'sorpresa' de que nos engañamos y cuando uno se da cuenta... ya es demasiado tarde. Entonces, sólo queda el lamento o la confesión:

"¡ Lo que más bronca me da, es haber sido tan gil!"(3)

        Efectivamente para estos objetivos, el psicoanálisis no resulta eficaz, todo lo contrario. Su tarea de 'develamiento' no depende de diagnósticos médicos, sino de su propio diagnóstico de la posición subjetiva y la posibilidad de establecer una relación 'transferencial' que dé lugar a la interpretación del sujeto del inconciente y la demostración de las formas de 'goce' mortíferas, a las que el cuerpo y la represión, suelen prestar tan buen servicio.
        Es cierto que el psicoanálisis no tiene como objetivo de su trabajo 'la cura' de la enfermedad, la favorece por añadidura:
1. Al pasar por la palabra y la relación terapéutica, las encrucijadas del deseo y las modalidades históricas del sufrir personal.
2. Al descifrar el cuerpo como superficie de inscripción, de lo que no se dice.
3. Al posibilitar el abandono del uso de la enfermedad y de la dolencia física, como lugar privilegiado para el sometimiento y el castigo.
4. Al descubrir el destinatario del 'sacrificio' o la 'mutilación' y sus 'motivos'.
5. Al desmantelar el 'heroísmo trágico' que se satisface con la muerte.
6. Al analizar el juego mortal de demandas imperiosas, ante Otro ciego y sordo, a veces inamovible o muerto.
7. Al confrontar al sujeto con sus deseos en contienda con sus identificaciones.

         "-Soy el único hijo motivo de orgullo para mi padre, si supiera de mi homosexualidad, me mata o se muere" (Diagnóstico médico: cáncer de pene. El tratamiento, centralmente quirúrgico, consistió en sucesivas operaciones mutilantes.)

        Ese cuerpo, sede del dolor, la amputación, las heridas y la flagelación, es relevado de una función que complica al organismo, que lo desordena, que lo hace partícipe como rehén, de intentos desesperados, crónicos o sorpresivos de un cambio dramático en lo corporal, pero imposible para el sujeto y sus lazos afectivos más importantes, en los que 'soporta' su lugar en el mundo.

        Efectivamente, un análisis es un trabajo de desestructuración, desidentificación e innovación respecto de un funcionamiento que colapsa en una enfermedad orgánica, o en ella materializa una 'salida trágica' a una encerrona de la existencia.
        Con frecuencia ha sido una pérdida insoportable, lo que se atisba como 'móvil' del desenlace fatal, pero resulta un reduccionismo considerarlo como causa. El análisis tiene que dar cuenta de cuál es su papel en el libreto singular, que coloca al sujeto como objeto o protagonista de su propia pérdida.

Cuando la suerte, que es grela, fallando y fallando..."(4)

        Siempre se trata en un psicoanálisis, como en la vida de todo ser humano, también y todo el tiempo, de la muerte y la sexualidad, es decir del cuerpo y de los Otros, del sujeto y de la alteridad. De cómo se dicen, se desdicen o se silencian los deseos del sujeto, sus ideales, sus amores, sus creencias y sus angustias. Y la de los Otros. La experiencia analítica es la exploración de la relación del sujeto con el goce. Si es posible crear las condiciones para descifrarlo interpretando el saber inconciente, construyendo lo 'insabido' o demostrando lo 'insabible', el abordaje psicoanalítico es posible y atañe fundamentalmente al cuerpo.
        Del deseo de saber, la palabra circula hacia un saber a cerca del deseo. De las claves del destino (uno de los nombres de la omnipotencia del Otro) es decir, de la 'suerte' echada según la baraja de los Otros, el trabajo de la cura analítica, no ayuda a hacerse cargo ni adaptarse, más bien separa y libera: 'Donde eso estaba, el sujeto ha de advenir'. El Psicoanálisis cura del 'destino', no pocas veces éste lleva el nombre de una enfermedad. ¡Mala suerte!
        No hace falta para ello, crear otros 'superpoderes' a los cuales adherir o por los cuales sacrificarse, es más bien la construcción de un saber propio a cerca de las modalidades singulares del placer y del martirio, lo que libera al cuerpo de un vasallaje obscuro y una complicidad ampliada: la de los propios engaños y traiciones, más la piadosa resignación a una 'fatalidad', generalmente anunciada o esperada.
        La seducción del mártir y la fascinación del heroísmo, tienen sus raíces en la idealización; ni los enfermos, ni los cuidadores, ni los equipos profesionales que tratan a pacientes crónicos o incurables, suelen renunciar fácilmente a un protagonismo en la escena trágica.
        'Dignidad o muerte' es una elección imposible. La alienación implícita en la obligación de 'elegir' la muerte, sostiene una apariencia, que en definitiva es una impostura, la invitación a tomar un lugar en la escena de una muerte consentida: sólo un fantasma de omnipotencia contra lo real de la nada.
        Desamparo y desolación, dos nombres para la muerte en la vida, la única que podemos realmente vivir (y gracias al Tango embellecerla y contarla). La paradoja de la soledad inevitable y la imposibilidad de estar solo.
        Paradigma de la ligazón con un tiránico Otro, del cual no nos podemos deshacer en vida: la relación con el cuerpo, sólo se puede soportar en el amparo de un deseo que no sea de muerte.
        El analista no opera con sus ideales, sino con su deseo y su castración, las fronteras de lo imposible para cada cual y hasta dónde pueden ser franqueadas.
        Un límite personal del analista, puede impedirle sostener un tratamiento cuando el paciente es oncológico, pero no es el instrumento del Psicoanálisis, en todo caso, lo desaconsejable, sino la resistencia del analista.
        La apuesta del psicoanálisis para salir de la tragedia, es lo contrario a la resignación a un destino o una 'suerte echada': implica mostrar la escena, leer el libreto, escribir las historias posibles y colocar al sujeto ante la responsabilidad de la elección de sus actos, sin la certeza de cuál será el final. Tal posición nunca será sin condiciones, no gozará de garantías, no se funda en la inmortalidad, pero tampoco en el adiestramiento para la muerte.
        Habría que investigar clínicamente, si la prescripción que invita a los pacientes con cáncer - u otras enfermedades que requieren una importante apertura y subordinación a propuestas médicas con compromiso vital -, a no recurrir a intervenciones psicoanalíticas, no implican un reaseguro de dependencia y sometimiento del sujeto a lo que se le demande desde el lugar de saber que detenta la medicina, desde la demanda 'amorosa' familiar o la simpática comprensión psicológica.
Sólo un proceso de 'neurotización' del paciente orgánico, o de profundización de su neurosis, se puede esperar al invitarlo a tomar el lugar de objeto en el fantasma de benevolencia del Otro. Sabemos también del despiadado sadismo con que es expulsado generalmente, quien no se aviene a la voluntad de un amo ungido por la ciencia y sus representantes en la cadena de mandos: Jefes, residentes, enfermeros/as, psicoterapeutas, y asistentes varios.
        La intensa y muchas veces sórdida lucha que establece el paciente y/o algún familiar o allegado, para afrontar como sujeto la condición humana de la enfermedad y la finitud, sin reducirse a firmar crípticos consentimientos y entregarse a las 'manos de Dios' y de sus hijos dilectos, reencarnados en los actuales sistemas de salud comercializados. Nada de esto podrá apreciarse en la bibliografía naif, que abunda en imprecisiones psicológicas idealizantes de pacientes, médicos y terapeutas.
        Las consecuencias de las decisiones, los actos, y las modalidades con las que se viven los avatares de las historias personales, la finitud, las desgracias personales, familiares, sociales, trascienden por generaciones, es decir, que la clínica, aún en caso de enfermedad crónica o incurable, siempre es con la vida, en tanto y en cuanto compromete lo real de la estructura subjetiva, que no podría sostenerse en los estrechos márgenes del 'narcisismo', es decir vivir para 'pasarla bien', confortándose con la complacencia del Otro y buscando su reconocimiento hasta morir.


                                    

     


    (1) Bachelard, G., La filosofía del no, Amorrortu, Buenos Aires, 1973. Pág. 24. El párrafo completo rubrica el capítulo "¿Cómo se constituye una ciencia?" de Néstor A.Braunstein: "En lo que concierne al conocimiento teórico de lo real, es decir, a un conocimiento que vaya más allá de una simple descripción - y dejando de lado la aritmética y la geometría- , todo lo que es fácil de enseñar es inexacto."

    (2) Definición irónica de Jacques Lacán, que se puede encontrar por ejemplo el ensayo "Situación del Psicoanálisis y formación del Psicoanalista en 1956", en Escritos 1, Siglo XXI, primera edición en español, 1971, México, décima edición corregida y aumentada, 1984. Pág.442.

    (3) Tango 'Chorra', Letra y Música de Enrique Santos Discépolo, 1928.

    (4) Tango Yira, Yira, Letra y Música de Enrique Santos Discépolo, 1930. La 'suerte', aparece como la alteridad irreductiblemente deseada y fatal: condensando los dos rasgos constantes de lo femenino; representado míticamente por 'Eva' (la perdición del hombre) y 'María' (la salvación de la madre). En lunfardo, la grela, la mina, es la mujer traicionera y fascinante pero también grela en lunfardo significa mugre, suciedad, mancha. La suerte, como la 'puta', maldecida, ansiada, fantaseada, siempre culpable, temida y a la vez cercana a lo sagrado, a lo prohibido y a lo buscado, como la madre. Ambas con el estigma de la traición. Lo femenino, incalculable, incognocible, lo Otro inevitable, con el doblez de lo siniestro, de la seducción y el misterio. La muerte, es personificada universalmente también con estas características, parafraseando el lunfardo: "Cuando la muerte, que es grela..."

    LECTURAS RECOMENDADAS

    Braunstein,N.A., Pasternac, M.,Benedito, G.,Saal, F., psicología: ideología y ciencia, Siglo XXI, 1ra. Edición, México, 1975.

    Braunstein, Néstor, el goce, un concepto lacaneano, Siglo XXI, Buenos Aires, 2006.

    Courel, Raúl, Psicoanálisis en el campo del goce, Manantial, Buenos Aires, 1994.

    Leclaire, Serge, Desenmascarar lo real, 1ra. Reimpresión, Paidós, Buenos Aires, 1982.

    Miller, Jacques-Alain, Biología lacaniana y acontecimiento del cuerpo, 1ra. Edición, Tr. Maritza Reynoso, Biblioteca de la Colección Diva, Buenos Aires, 2002.

    Szpirko, Jean, La clínica psicoanalítica... con el correr de la ciencia, Homo Sapiens, Rosario, Argentina, 1995.