FREUD Y LOS 'CURANDEROS'

FREUD Y LOS 'CURANDEROS'

 

(Sobre la exportación de la 'miseria psicológica' a los equipos interdisciplinarios y otros yuyos)


El siguiente artículo forma parte de la recopilación de textos que componen el libro: Medicina y Psicoanálisis: Al Filo de la vida. Experiencias interdisciplinarias.

Selección de Escritos de Diana Braceras


   

            ¿Qué palabra en alemán habrá usado Sigmund Freud para que los traductores de sus Obras Completas nos transmitan en castellano sus ideas sobre los curanderos?

            ¿Qué contexto de sentido de su época, resonaba en esos tiempos, en Viena, y en los tiempos por venir en la Europa de la Primera postguerra?

            Para Freud, nosotros, probablemente no existíamos como destinatarios de su pensamiento, ya bastante escepticismo infundía en el fundador del psicoanálisis la América conocida, la Norteamérica que aún no manifestaba la soberbia de las guerras sobre el planeta, pero que, escrutada por el genio de un conocedor de la 'naturaleza humana', y la factura cultural de la vida psíquica, nada bueno se podría ya esperar:

            "La presente situación cultural de los Estados Unidos ofrecería una buena oportunidad para estudiar este temible peligro que amenaza a la cultura - el estado de "miseria psicológica de las masas" - pero rehuyo la tentación de abordar la crítica de la cultura norteamericana, pues  no quiero despertar la impresión de que pretendo aplicar, a mi vez, métodos americanos."(1)

            Para nosotros, más al sur de esa 'amenaza' americana que tal vez sólo Freud auguraba, 'curandero' alude al agente de una práctica con la expectativa de salud, que no posee conocimientos médicos adquiridos en las instituciones académicas regulares,  que forman parte del sistema educativo superior de un estado. Este aspecto, 'burocrático', no es tal, si lo ponemos en relación con los procedimientos verbales del racismo etnocéntrico:

¿Artista o artesano?

¿Religioso o supersticioso?

¿Médico o curandero?

            Freud no compartió esta jerarquización que desprecia la diferencia y fundamenta  un juicio de valor lapidario, sobre las sutilezas del lenguaje:

"Múltiples y variados motivos excluyen de mis propósitos cualquier intento de valoración de la cultura humana. He procurado eludir el prejuicio entusiasta según el cual nuestra cultura es lo más precioso que podríamos poseer o adquirir, y su camino habría de llevarnos indefectiblemente a la cumbre de una insospechada perfección."(2)

¿A quién llama curandero Freud?

"Me va usted a permitir que dé a la palabra curandero un sentido más exacto que el que le atribuye la ley. Para ésta, curandero es todo aquel que trata enfermos sin hallarse en posesión del título médico oficial. Para mí, sólo puede llamarse curandero a quien emprende un tratamiento sin poseer los conocimientos y la capacidad indispensables para llevarlo a cabo."(3)

A salvo de criterios 'objetivados', la responsabilidad del Sujeto, respecto a sus actos, coherentemente con su teoría, es lo que define la calificación peyorativa en el ejercicio de la tarea asistencial. Nosotros, aún naturalizamos el nombre curandero, adjudicándole tal status a los que curan con otros procedimientos, conocimientos culturales y capacidades diferentes a la cultura 'oficialmente médica', la europea.

¿Pero qué consecuencias indiscutidas implicaría aplicar el criterio freudiano?

Freud arroja la primera piedra:

"Basándome en esta definición, he de atreverme a afirmar que con referencia al análisis, y no sólo en los países europeos, la mayoría de los médicos merecen el dictado de curanderos. Practican, en efecto, el tratamiento analítico sin  haberlo estudiado ni comprenderlo."(4)

Conocimientos especiales

El prestigio de la formación médica, aún en el siglo pasado, no significa, para Freud,  una habilitación para toda terapéutica: en el campo de las afecciones psíquicas, incluso el médico estaría en desventaja, pues tendría que vencer una posición diametralmente opuesta a la requerida para llevar adelante una cura analítica.

Ya hace casi un siglo, en los albores del Psicoanálisis, su creador exponía el campo de la concepción de la vida psíquica como una tierra de nadie, expuesta a las incursiones más inapropiadas, cuando no, francamente perjudiciales para los pacientes:

"Todo el mundo se considera con derecho a opinar. Si plantea usted una cuestión de Física o de Química, callarán todos los no especializados en tales materias. En cambio si arriesgamos una afirmación psicológica, podemos estar seguros de que nadie dejará de emitir su juicio, favorable o adverso. Por lo visto, no existen en este sector 'conocimientos especiales'. Todo el mundo tiene su vida anímica y se cree, por ello, psicólogo. Pero a nuestro juicio, a título bien precario, recordándonos la respuesta de aquella mujer, que fue a ofrecerse como aya, y al ser preguntada si tenía nociones de cómo se debía tratar a los niños pequeños, exclamó un tanto extrañada: '¡Naturalmente! También yo he sido niña alguna vez'."(5)

Podríamos extender la dura observación freudiana, respecto a la iniciativa de hacerse cargo de la asistencia 'psicológica', a la más variada gama de personas aficionadas, detentando algún título certificado o no:

"De este modo, cuanto más ignorantes son los médicos en esta materia más emprendedores se sienten. Sólo el que sabe de verdad es modesto, pues se da cuenta de lo insuficiente de su saber."(6)

Sentencia socrática bastante pasada por alto, cuando está en juego el saber a cerca del 'alma humana'.

No sólo los médicos son, en este terreno, los autoemprendedores. Actualmente, el cada vez más estrecho mundo laboral, se ve plagado de 'especialistas' que se incorporan al área asistencial, con menos resistencia incluso por parte de la corporación médica, ya que un escaso nivel de formación, permite una más cómoda sujeción a los objetivos médicos, muchas veces en franca oposición con una lectura psicológica de la situación clínica en la que está comprometido un paciente y su médico o equipo tratante.

Así los equipos interdisciplinarios, en vez de enriquecerse con la diversidad de recursos humanos, para la atención discriminada de aspectos que convergen en una situación clínica compleja, padecen 'anárquicos' repartos de funciones sobre la base de luchas por minúsculas porciones de poder de unos sobre otros, desconociendo u homologando los alcances de todas las intervenciones posibles. Disputando jerarquías, defendiendo el narcisismo propio e hiriendo el ajeno, en un juego perverso de espejos deformados.

Mucho de 'curanderismo', en el sentido freudiano, se encuentra hoy en día conquistando espacios en los hospitales públicos, más en sintonía con un lugar subordinado a la práctica médica de la omnipotencia y a los criterios de 'servicio', que a una ética profesional.

El eclecticismo y la superficialidad de 'carreras cortas' programadas originalmente desde centros de estudios norteamericanos, con su particular interpretación de la psicología y del psicoanálisis, como 'atención al cliente' para adaptarlo a los mandatos del mercado de la salud, no resiste la menor discusión teórica. Nuevamente las proféticas palabras de Freud, sitúan ya entonces, en 1926, por dónde pasa la cuestión de la idoneidad para la práctica clínica:

    "... no puede ser decidida exclusivamente de acuerdo con consideraciones prácticas, y las consideraciones locales reinantes en Estados Unidos no pueden ser las únicas que determinen nuestro juicio"(7) 

En el otro extremo, también es oportuna la advertencia respecto de la extensión del campo de las especialidades médicas, sobre el cuerpo teórico de la estructura psíquica y el método de investigación que implica el tratamiento mismo de cada caso, en su singularidad:

"...tenemos el derecho de exigir que no confundan su preformación médica con la formación analítica, que superen la unilateralidad favorecida por la enseñanza que han recibido en las escuelas de Medicina y que resistan a la tentación de coquetear con la endocrinología y con el sistema nerviosos autónomo, cuando se trata de aprehender hechos psicológicos por medio de un sistema de conceptos psicológicos."(8)

En última instancia, se trata de la aplicación del criterio científico, la adecuación epistemológica del objeto, el método y la construcción teórica, cuestión fundamental para discriminar la estofa ideológica de muchos de los abordajes 'curanderiles' actuales, que se ven favorecidos en el ámbito de la medicina 'científica'.

Paradojas de la ideología neoliberal, que con la misma pasión por la ignorancia, descarta intervenciones de medicinas tradicionales arraigadas culturalmente, con la calificación despreciativa de constituir saberes de 'curanderos'. A menos que los productos de tales saberes descalificados, puedan ser patentados por la industria farmacéutica. Lo cual mágicamente convierte en científico a todo saber ancestral, bajo una fórmula molecular y un nombre de fantasía marketinera, aprobado por la FDA (Federal drogue administration) 



(1) Freud, Sigmund. "El Malestar en la cultura" (1929) en Obras Completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973. Pág.3049.

(2) Ob.cit. Pág. 3067.

(3) Freud, Sigmund. "Análisis Profano. (Medicina y Psicoanálisis)" (1926), en Obras Completas, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973. Pág. 2940.

(4) Ibídem.

(5) Ob.cit. Pág. 2916/17.

(6) Ob.cit. Pág.2942.

(7) Ob.cit. Pág.2959.

(8) Ob.cit. Pág.2958.