"NADA ESTÁ TAN EXPUESTO AL FRACASO COMO EL ÉXITO"

"NADA ESTÁ TAN EXPUESTO AL FRACASO COMO EL ÉXITO"

 Aldous Huxley, en El fin y los medios, 1939.

Lic. Diana Braceras


       

            La práctica de la clínica interdisciplinaria en el territorio médico, se desenvuelve en un amplio arco de intervenciones que van desde el gesto mínimo de soportar un lugar de testigo del horror en un cara a cara con un cuerpo lacerado, hasta la impostura de arrogarse la salvación del paciente y su vida eterna.

            Como lo segundo, no tolera bien el paso del tiempo, sólo puede ser sostenido culpando de las fallas del tratamiento al paciente, inconstante o débil en las transformaciones que su vida necesitaría, para ser merecedor de la curación total garantizada. 

            En el otro extremo, la modestia aplicada a los fines de un tratamiento psicológico, convierte al profesional en un paramédico, dedicado a servir de soporte, más a los fines de las intervenciones médicas, que a trazar una dirección en su cura, que no coincide necesariamente con la 'salud' que implica la eliminación de la enfermedad, aunque se comparta el ideal del cuerpo sano.

            La posición subjetiva que pueda favorecer el bienestar físico, en el sentido de no 'necesitar' la enfermedad, como castigo de satisfacciones intolerables, o como instrumento al servicio de beneficios secundarios, está alineada o es sintonizable con la preservación del cuerpo, de su integridad y de sus funciones, sostén de la autonomía de las personas, que vertebra sus proyectos de vida. 

            Estar sano, no convivir con la amenaza concreta de un desenlace fatal a corto o mediano plazo, posibilita encauzar al máximo las energías y potencialidades subjetivas en el sentido de los deseos y aspiraciones propias, contando en el horizonte con una 'inmortalidad imaginaria' tranquilizadora, que mantiene en el olvido al organismo y sus horrores. Esto es siempre así... si la neurosis lo permite. 

           

            El campo de trabajo en un tratamiento 'psí', por lo tanto, en salud como en la enfermedad, no varía, en tanto clínica del deseo y 'detective' de los goces mortíferos, que implican la satisfacción del empuje a la muerte, valiéndose de todo el menú de oportunidades sufrientes que pudiera encontrarse en la vida... en salud o en enfermedad.

            En este sentido, es que se relativiza el estado 'libre de enfermedad', en tanto concepción sanitaria y no como banalización del cuerpo y de la vida. Muchos pacientes, tal como el título del libro El Otro cáncer1 lo explicita, desandan una vida carente de sentido, enferma de inconducentes sacrificios y dolores, presa de tortuosas relaciones de sometimiento y espera angustiosa del amor o el reconocimiento que nunca llegan, entrampados en una recidiva o reincidencia eterna, que limita su vida no menos que una grave enfermedad incapacitante. 

 

Los modestos fines:

 

            En este marco, pensar que la tarea a realizar se reduce a un afectuoso acompañamiento compasivo de los avatares de un tratamiento médico prolongado o crónico, implica subestimar o desconocer las implicancias de la subjetividad para la vida de los sujetos. Es trabajar no con el paciente, sino con la institución médica o El Orden médico2, en el sentido que le diera Jean Clavreul, en su ya legendario libro, es decir, para someterse a él, afirmando su ideología y perpetuando su poder sobre las personas, necesitadas de su ciencia. 

 

La omnipotencia de los medios:

 

El mejoramiento de la posición del sujeto respecto de su deseo, por medio de los actos que es capaz de realizar, una vez desalienado de ideales o mandatos que lo mortifican o paralizan, muchas veces es el resultado de un proceso terapéutico que arranca en las difíciles instancias de un diagnóstico o tratamiento oncológico, que implican un riesgo real de muerte.

El 'éxito' de un tratamiento médico, sumado a un cambio de vida favorable, es lo deseable sin duda y de máxima, alimenta la ilusión de mantenerse en el territorio 'libre de enfermedad' el mayor tiempo posible, hasta que las estadísticas le den al paciente el título de 'curado'. Carrera estimada en un promedio de diez años.

Pero... y si la enfermedad reaparece... ¿se trata de un fracaso?

La fantasía de inmortalidad burlada, acecha con su carga de culpas, en todos los casos:  tanto si se detectan metástasis o recidiva; como si el paciente, cae víctima de otra enfermedad, de un accidente, o muerte súbita.

-         "¡Tanto que le costó reponerse del cáncer... y ahora esto!"

-         "Para qué tanto tratamiento y compromiso en la cura, si de nuevo estamos en la misma situación"

 

La vida es sin garantías, aún cuando se luche y se haga lo correcto. Cada día la ponemos en juego, aunque unas pocas veces nos percatamos de eso: justamente cuando nos 'toca' indisimulable la muerte, propia o próxima. Por tantas veces que sabiéndolo o sin saber la esquivamos, algunas se acerca demasiado y una sóla, será la definitiva.

Lo que cuenta en todo caso es el fracaso de vivir, trágica conclusión personal; porque respecto de la muerte, todos somos perdedores. Tarde o temprano.



1 Braceras, Diana, El Otro Cáncer, Equipo Interdisciplinario de Oncología, Buenos Aires, reimpresión de la 1ed. 2004.

2 Clavreul, Jean, El orden médico, tr. Marta Vassallo, Argot, España, 1983.