"MODELO DE EXCLUSIÓN: 'DARLOS POR MUERTOS"

MODELO DE EXCLUSIÓN: ‘DARLOS POR MUERTOS’

Lic. Diana Braceras


     

            La semana periodística, los trozos de la vida real que aparecen en los diarios y otros medios masivos por unos pocos días, inauguró el agosto con dos cadáveres prematuros, que a su tiempo, cumplieron el destino anunciado: un viejo enfermo y una criatura recién nacida. 

            Lo siniestro de las dos noticias, que sucesivamente espantaron al público consumidor de la tragedia diaria, pega en el imaginario colectivo del miedo más típico ante la propia muerte o la del prójimo: ser enterrado vivo.  En ambos casos, y dispositivos hospitalarios de por medio, los dos seres vivos y dados por muertos, fueron alojados en la morgue, enfriando sus últimas horas con el abrazo gélido de una muerte simbólica.

            Hubo certificados de defunción, hubo anoticiamiento de familiares, disposiciones legales y sociales para la inhumación de los que aún vivían, con el acuerdo implícito de los seres queridos, que no dudaron de la palabra médica y en el cobijo institucional de la verdad sobre la vida y la muerte de las personas.

            Resulta paradójico, que en un país, en que todavía se reclama por el derecho a enterrar los muertos, se devele la premura por enterrar a los vivos.

            Hechos casuales salvaron por unas horas ambos errores, inevitablemente uno se pregunta: ¿Cuántos otros no encontraron a tiempo la evidencia de la equivocación?

            ¿Cuántos seres quedaron entre dos muertes congelados en un limbo invisible?

            Ambas pequeñas historias de nuestras pequeñas gentes, dan cuenta de una lógica de exclusión mortífera y generalizada, que excede el azar de los errores o la impericia.

            Ambos casos, asumen la fuerza de un símbolo de lo poco que vale la vida en estos mundos globalizados, donde también la Salud Pública, se encuentra en estado mórbido, donde los estados se entierran vivos en deudas que se cobran con muertos, con generaciones de niños sin futuro, con miles de ancianos en depósitos fantasmales a la deriva de magras pensiones insuficientes para la vida.

            Los dos extremos de la vida con la misma suerte: dados por muertos.

           

            También en otras instancias de la asistencia médica, se palpa la condena anticipada: lo que hasta no hace mucho convocaba al desafío de sacar a un enfermo complicado de la cornisa misma  de la muerte, hoy se desliza por el tobogán de la ‘racionalidad de los esfuerzos’, hacia el desgano y la desidia, contagiosa entre médicos y enfermos. Es que el deseo se contagia y la falta de deseo también.

            Considerar a un paciente que quiere ‘luchar por su vida’, pese a un pronóstico ‘pesimista’, como ‘negador de la enfermedad’, implica el viejo truco de psicopatologizar al paciente cuando no se deja sugestionar por la posición del médico que lo dá por muerto.  

            Algunas estrategias muy en boga en la medicina de mercado, consideran ‘terapéutico’ preparar a un paciente con cáncer para la muerte, por supuesto es mucho menos riesgoso que apostar por la vida. Lo que no quiere decir que se sostenga livianamente la idea de inmortalidad o de evitación de la temática que regularmente invade al enfermo oncológico, ante la posibilidad, también cierta de morir por esa enfermedad o por cualquier otro motivo, que no deja de ser posible, como en cualquier otra persona, incluida la persona del médico.

            Efectivamente la muerte existe o ‘la vida es corta’ como se lee en Hipócrates, desde sus primeras líneas dedicadas a la enseñanza de los médicos desde hace más de dos mil quinientos años.  Aforismo, que no es necesario actuar con la velocidad impiadosa del servidor del amo de la ciencia, ya que necesitamos al sujeto a bordo de su vida, el tiempo que sea, el tiempo que tenga, todo el tiempo. Todo su tiempo.

El sentido de las prácticas en conexión con el campo médico, el campo de la salud del cuerpo, debe incluir al sujeto, como parte de su ética, el cuerpo también es una dimensión de la subjetividad y como tal responde  incluso y muy especialmente en el nivel del organismo.

La muerte no hay que darla, viene sola y sin que se la llame... las más de las veces.